El 2026 comenzó con un discurso poco común en la política económica
mexicana: optimista y con cifras que, al menos en el papel, juegan a favor del
gobierno. La presidenta Claudia Sheinbaum destacó el inicio del año con
ganancia del peso frente al dólar, aumento al salario y un incremento en la
llegada de visitantes internacionales. Un arranque que suena bien… y que el
gobierno no piensa desaprovechar.
Desde su conferencia, Sheinbaum subrayó que la estabilidad de la moneda
refleja confianza internacional y disciplina financiera. El peso, ese viejo
protagonista de sobresaltos históricos, inició el año fortalecido, convirtiéndose
en uno de los argumentos favoritos del oficialismo para demostrar que el
modelo económico sigue firme, pese a los pronósticos catastrofistas que nunca
faltan.
A esto se suma el incremento al salario, una de las banderas centrales de los
gobiernos de la llamada Cuarta Transformación. Según la presidenta, el
aumento busca no solo compensar la inflación, sino mejorar el poder adquisitivo
de millones de trabajadores. La promesa es clara: crecimiento económico con
justicia social. La pregunta recurrente: ¿alcanza?
Otro punto que Sheinbaum resaltó fue el aumento en la llegada de turistas
internacionales, impulsado por la recuperación global, la conectividad aérea y
la imagen de México como destino cultural y económico. Hoteles llenos,
aeropuertos saturados y playas concurridas son presentados como señales de
una economía en movimiento, aunque no siempre se traduzcan en bienestar
parejo.

Como suele ocurrir, las reacciones no tardaron. Simpatizantes celebran el
arranque como prueba de continuidad y estabilidad, mientras críticos recuerdan
que las cifras macroeconómicas no siempre se sienten en el bolsillo cotidiano.
El peso fuerte no paga la renta y el turismo no llega igual a todos los rincones
del país.
Sin embargo, el mensaje presidencial apunta a marcar el tono del año:
optimismo medido, datos duros y una narrativa de avance. Sheinbaum sabe que
2026 será clave para consolidar su proyecto y mantener la confianza tanto
interna como externa.
Por ahora, el gobierno presume un buen inicio. El reto, como siempre, será
sostenerlo cuando pasen los discursos y llegue la vida real. Porque arrancar
bien ayuda, pero gobernar bien… eso se mide todos los días.

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