Claudia Sheinbaum volvió al micrófono, y esta vez con un mensaje bastante
directo: hay que revisar los amparos otorgados a Uriel Carmona, el exfiscal de
Morelos acusado de intentar encubrir el feminicidio de una joven en la Ciudad
de México. Porque sí, en México hay dos cosas infinitas: los memes… y los
amparos que aparecen justo cuando alguien importante está en problemas.
Sheinbaum señaló que desconoce si las autoridades federales tienen localizada
la actual posición del exfiscal —lo cual, seamos honestos, no suena nada
tranquilizador—, pero insistió en que la revisión legal es necesaria,
especialmente cuando se trata de un caso de alta gravedad que impacta
directamente en la confianza pública.
Carmona ha sido señalado por presuntamente obstaculizar la investigación del
feminicidio, ofreciendo versiones contradictorias y, según autoridades
capitalinas, influyendo para minimizar o desviar el caso. Todo eso mientras
ostentaba un cargo que, en teoría, debería garantizar justicia y no torpedearla.
Pero bueno, coherencia institucional, ¿quién la necesita?
Los amparos que ha conseguido han sido tema de discusión desde hace meses.
Para muchos, parecen más escudos políticos que herramientas jurídicas
legítimas, lo que ha provocado la frustración de colectivos feministas,
activistas, familiares de víctimas y ciudadanos que ya están cansados de que
“la justicia llegue en burro y los privilegios en jet privado”.
Sheinbaum afirmó que la prioridad es que el caso avance sin favoritismos, sin
retrasos misteriosos y sin maniobras legales que huelen más a estrategia de
escape que a defensa honesta. También subrayó que, al tratarse de un
feminicidio, no se puede permitir que el sistema parezca más preocupado por
proteger a funcionarios que por proteger a las víctimas.
Mientras tanto, en redes sociales, el tema se encendió como pólvora. Entre
críticas, indignación, hashtags y exigencias de justicia, la conversación dejó
claro que la gente está mirando, juzgando y exigiendo. Y que cada día que pasa
sin avances, la tensión sube.
El caso Carmona podría convertirse en una prueba importante para la
administración: ¿habrá justicia real o nos espera otra montaña rusa de amparos
eternos?
El reloj corre y la sociedad ya no tiene paciencia para historias repetidas.
