Claudia Sheinbaum lanzó un llamado directo a Estados Unidos para evitar una
crisis humanitaria en Cuba, luego de la imposición de aranceles a países que
suministran petróleo a la isla. La presidenta electa —con tono diplomático pero
firme— cuestionó una estrategia que, más que presionar gobiernos, termina
castigando a poblaciones enteras. Porque cuando falta combustible, no se
detienen ideologías: se apagan hospitales, transportes y hogares.
Sheinbaum dejó claro que México no respalda medidas que profundicen el
sufrimiento social. Señaló que el endurecimiento del bloqueo energético solo
agrava las condiciones de vida de millones de cubanos que ya enfrentan
escasez, apagones y una crisis económica prolongada. En otras palabras, más
presión no equivale a más soluciones.
Además, adelantó que México buscará otras vías para apoyar a Cuba, dentro de
los márgenes legales y diplomáticos, reafirmando una postura histórica de
política exterior: no intervención, cooperación y rechazo a sanciones que
deriven en crisis humanitarias. Un mensaje que contrasta con la lógica punitiva
de Washington, donde los aranceles siguen siendo la herramienta favorita para
“corregir” gobiernos ajenos.
El posicionamiento también tiene lectura regional. En un contexto de tensiones
geopolíticas y discursos duros, Sheinbaum apuesta por un enfoque más
humano, aunque eso implique incomodar a su principal socio comercial. La
ironía es evidente: se habla de democracia mientras se aprietan medidas que
afectan directamente a la población civil.
Estados Unidos, por su parte, mantiene la narrativa de presión política como vía
de cambio. Pero la experiencia histórica es terca: décadas de sanciones no han
producido transiciones milagrosas, solo más precariedad. Y Cuba vuelve a ser el
ejemplo incómodo de una estrategia que insiste en repetirse.
Sheinbaum no prometió soluciones mágicas, pero sí algo poco común en la
política internacional: llamar a las cosas por su nombre. Cuando una medida

amenaza con generar una crisis humanitaria, no es política exterior, es
irresponsabilidad disfrazada de firmeza.

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