Claudia Sheinbaum no se guardó nada. En medio de un escenario internacional
marcado por conflictos, tensiones y decisiones unilaterales, la presidenta
criticó la inacción de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y advirtió
que crisis como la de Venezuela exhiben, sin maquillaje, la urgencia de que el
organismo actúe con mayor responsabilidad y eficacia.
La mandataria señaló que la ONU parece haber perdido reflejos justo cuando
más se le necesitan. Conflictos que escalan, violencias que se normalizan y
decisiones que se toman sin consenso internacional han dejado al organismo en
una posición incómoda: observar, condenar y poco más. Para Sheinbaum, esa
pasividad institucional no es neutralidad, es omisión.
El caso de Venezuela fue mencionado como ejemplo de cómo la falta de acción
oportuna puede agravar escenarios ya de por sí frágiles. Mientras las potencias
mueven piezas y los discursos se endurecen, la ONU —creada precisamente
para evitar estos desbordamientos— parece quedarse atrapada en su propia
burocracia.
Con tono firme, la presidenta hizo un llamado a fortalecer los mecanismos
multilaterales y a que Naciones Unidas recupere su papel central en la
construcción de la paz. No se trata, dijo, de discursos bien intencionados ni de
comunicados diplomáticos, sino de acciones concretas que prevengan la
violencia y protejan la estabilidad global.
La ironía es difícil de ignorar: en un mundo cada vez más interconectado, los
conflictos se manejan como si fueran asuntos aislados. Y mientras los

organismos multilaterales pierden peso, el vacío lo ocupan la fuerza, la presión
económica o la imposición política.
Sheinbaum subrayó que México seguirá apostando por el multilateralismo, pero
dejó claro que este solo funciona si las instituciones cumplen su función. De lo
contrario, se convierten en escenarios de retórica sin impacto real.
El mensaje no es menor. Cuestionar a la ONU desde la tribuna presidencial
implica reconocer que algo no está funcionando y que el costo de esa inacción
lo pagan, casi siempre, las poblaciones más vulnerables.
Porque cuando las instituciones globales se quedan quietas, el mundo no se
detiene. Y, como advirtió Sheinbaum, la pasividad también tiene consecuencias.

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