En Guerrero no solo huele a café recién molido, también huele a política en
ebullición. Durante un encuentro con productores cafetaleros, Claudia
Sheinbaum soltó una frase que rápidamente se volvió titular, meme y argumento
de sobremesa:
“La soberanía es la esencia de los mexicanos”.
Y ahí estaba ella, rodeada de productores que madrugan más que cualquier
funcionario, explicando que el café no solo es un cultivo: es identidad, orgullo y,
últimamente, también tema político. Porque en México, hasta el desayuno
puede volverse declaración de principios.
Sheinbaum destacó la importancia de fortalecer la producción local y protegerla
de abusos comerciales, competencia desleal y toda esa larga lista de
problemas que enfrentan quienes realmente sostienen la economía desde abajo
(los que trabajan la tierra, no los que firman papeles).
Habló de soberanía no solo como concepto abstracto, sino como práctica diaria:
sembrar, cosechar, transformar… y no permitir que vendan el café mexicano
como si fuera soluble barato disfrazado de importación premium.
En su discurso —que tuvo más sabor a mensaje de campaña que a simple
reunión laboral— subrayó que el país tiene todo para ser autosuficiente en
múltiples sectores, y que depende de decisiones políticas que, en sus palabras,
deben centrarse en “primero México, luego México y después… México”.
Los productores la escucharon entre atentos y escépticos, como siempre
ocurre cuando las promesas políticas aterrizan en comunidades que ya han
escuchado demasiados discursos y visto muy pocos resultados. Pero, aun así, la
presencia de Sheinbaum generó emoción, expectativa y, claro, selfies.

Las redes sociales hicieron lo que mejor saben: dividirse.
Por un lado, quienes celebraron que alguien reconozca la importancia del
campo y de la soberanía alimentaria.
Por el otro, quienes consideran que decirlo es fácil, hacerlo es otra historia.
Y luego están los irónicos —nuestro equipo favorito— que comentaron que “si la
soberanía es la esencia del mexicano, entonces el café es la gasolina oficial del
país”.
Lo cierto es que el mensaje pegó. Guerrero, café y soberanía: combinación
perfecta para prender la conversación nacional.
Y si algo quedó claro, es que Sheinbaum sabe que hablar del campo es hablar
del corazón del país… aunque a veces ese corazón esté lleno de cansancio,
esperanza, y uno que otro reclamo pendiente.

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