En lo que parece un episodio alterno de House of Cards mezclado con La Rosa
de Guadalupe, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a
encender el país al amenazar con usar al ejército para contener protestas en
Minnesota relacionadas con las operaciones del ICE.
Sí, el ejército. Contra manifestantes. En Minnesota.
Una frase que suena más a dictadura de manual que a “defensa del orden
público”.
Todo comenzó cuando grupos ciudadanos salieron a protestar por las tácticas
agresivas del ICE, que han aumentado bajo la administración Trump.
Detenciones sorpresivas, redadas en zonas residenciales y revisiones que
parecen sacadas de una película policíaca han generado un clima de tensión
que ni los funcionarios pueden ignorar.
Pero en vez de calmar las aguas, Trump decidió hacer lo que mejor sabe:
aventarse un comentario explosivo. Durante un evento, advirtió que si las
protestas continúan escalando, su gobierno considerará usar al ejército “para
restablecer el orden”. Lo dijo con esa mezcla de firmeza y show que lo
caracteriza, como quien anuncia un nuevo reality show.
La reacción fue inmediata. Activistas, congresistas, periodistas y hasta algunos
militares retirados señalaron que usar al ejército en protestas civiles es una
línea roja que no se cruza, así como así. Y que, además, abre la puerta a abusos
y a un clima más parecido a un estado de excepción que a un país democrático.
En redes sociales, el caos fue total.
– Unos lo celebraron como “mano dura necesaria”.
– Otros lo tacharon de autoritarismo puro y duro.
– Y muchos simplemente no podían creer que Minnesota —sí, Minnesota—
estuviera en medio de una conversación sobre despliegues militares.
El clima político en Estados Unidos ya es tenso, pero con este tipo de
declaraciones la temperatura se dispara. Trump, en su estilo clásico, parece
estar apostando a una narrativa de fuerza y control total… aunque eso implique
mandar soldados contra ciudadanos que ejercen su derecho a protestar.
La pregunta ahora es: ¿fue una amenaza real o solo otro de sus comentarios
incendiarios?
En cualquier caso, el país está más dividido, más alerta y, como siempre,
pendiente del próximo tuit… o del próximo escándalo.

