Donald Trump lo dijo sin rodeos y sin eufemismos diplomáticos: Estados Unidos
tomará el control del petróleo de Venezuela. Una frase que suena más a
amenaza que a política energética, pero que encaja perfectamente con el estilo
del expresidente. Directo, provocador y con un claro mensaje de poder.
Pero ¿por qué Venezuela sigue siendo tan atractiva para Washington? La
respuesta está bajo tierra. El país sudamericano posee las mayores reservas
probadas de petróleo del mundo, incluso por encima de Arabia Saudita. Un
tesoro energético que, mal gestionado y atrapado en una crisis política
interminable, se ha convertido en un botín codiciado por potencias extranjeras.
Además del crudo pesado de la Faja del Orinoco, Venezuela cuenta con
importantes reservas de gas natural, oro, hierro y otros minerales estratégicos.
En un mundo que compite por recursos y autonomía energética, estas riquezas
no pasan desapercibidas, menos aún para un Trump que ve la política
internacional como una negociación empresarial: quien tiene el recurso, pero no
puede explotarlo, termina perdiéndolo.
El discurso de Trump no es nuevo. Desde su primer mandato, Venezuela fue
presentada como un “Estado fallido” que necesita tutela externa. Ahora, al
hablar de “control”, refuerza la idea de que el petróleo venezolano sería una
especie de compensación por la intervención política, económica o incluso
logística de Estados Unidos.
Para el chavismo, estas declaraciones son munición pura. Confirman su
narrativa de que la crisis no es solo interna, sino resultado de una ambición
extranjera. Para la oposición, el dilema es incómodo: ¿apoyo internacional o
pérdida de soberanía?
Lo cierto es que el petróleo venezolano sigue siendo la joya de la corona, aun
cuando la infraestructura está deteriorada y la producción muy lejos de su
mejor momento. Justamente ahí radica el interés: reconstruir, controlar y
beneficiarse.
Trump, fiel a su estilo, no disfraza el deseo. En su mundo, la geopolítica no se
escribe con sutileza, sino con contratos, control y poder. Y Venezuela, con todo
su oro negro, vuelve a estar en el centro del tablero.

