María Corina Machado volvió a colocar una idea incómoda pero poderosa en el
centro del debate político venezolano: el país tiene la capacidad de financiar su
propia recuperación económica y transformarse en un territorio de
oportunidades. No habló de salvadores externos ni de cheques milagrosos.
Habló de Venezuela… usando sus propios recursos.
En un país acostumbrado a esperar soluciones que vengan de fuera
—organismos internacionales, aliados estratégicos o levantamientos de
sanciones—, la afirmación suena casi disruptiva. Machado sostiene que la clave
no está en la caridad internacional, sino en liberar el potencial productivo
interno, hoy atado por controles, desconfianza y falta de reglas claras.
La dirigente opositora aseguró que Venezuela cuenta con recursos naturales,
capital humano y ubicación estratégica suficientes para reconstruirse, siempre
que se generen condiciones de inversión, seguridad jurídica y respeto a la
propiedad privada. Dicho de otra forma: el dinero existe, pero no circula donde
debería.
Su planteamiento conecta con una narrativa cada vez más presente en sectores
empresariales y ciudadanos: el problema no es la ausencia de riqueza, sino la
incapacidad de convertirla en bienestar colectivo. Petróleo, minería, agricultura
y talento profesional siguen ahí. Lo que falta, según Machado, es un entorno que
permita que esos motores funcionen sin miedo.
El mensaje no es nuevo, pero sí insistente. Y también políticamente calculado.
Al hablar de oportunidades y autosuficiencia, Machado busca romper con el
discurso del colapso permanente y ofrecer una visión de futuro menos
resignada. Una Venezuela que no solo sobreviva, sino que prospere.

Sin embargo, el reto es enorme. La confianza perdida no se recupera con
declaraciones optimistas. Requiere cambios profundos, institucionales y
sostenidos en el tiempo. Reglas claras, transparencia y un Estado que deje de
ser obstáculo para convertirse en facilitador.
La idea está sobre la mesa: Venezuela puede financiarse sola. La pregunta no
es si tiene con qué, sino si habrá voluntad política para hacerlo posible. Porque
las oportunidades no se decretan… se construyen.

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