Después de 13 horas de discusión —y sin moverle ni una coma— el pleno de la
Cámara de Diputados aprobó en lo general la reforma al artículo 123
constitucional para reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales.
La votación fue contundente: 469 votos a favor.
La iniciativa, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, plantea que la
reducción no será inmediata, sino gradual, con implementación prevista entre
2027 y 2030. En otras palabras: la promesa ya está escrita, pero el reloj apenas
empieza a correr.
El argumento central es claro: mejorar la calidad de vida de los trabajadores,
permitir mayor tiempo de descanso y fortalecer el equilibrio entre vida laboral y
personal. México es uno de los países donde más horas se trabaja al año, y el
debate sobre productividad versus tiempo libre llevaba años acumulándose.
Quienes respaldan la reforma aseguran que el cambio es histórico y necesario
para modernizar las condiciones laborales del país. Sostienen que una jornada
más corta no significa menor rendimiento, sino trabajadores más descansados y
eficientes.
Del otro lado, algunos sectores empresariales han expresado preocupación por
el impacto económico, especialmente en pequeñas y medianas empresas que
deberán ajustar turnos, costos y esquemas operativos.
El hecho de que la reforma avanzara sin modificaciones después de más de
medio día de debate envía un mensaje político claro: la mayoría legislativa cerró
filas.

Ahora el proceso seguirá su curso constitucional, pero el anuncio ya marca un
antes y un después en la conversación laboral del país.
México comienza a despedirse de las 48 horas semanales. Eso sí, lo hará paso a
paso.

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