La salsa está de luto. Falleció a los 75 años Willie Colón, uno de los nombres
más influyentes en la historia del género. Y no, no es exageración decir que sin
él la salsa no sonaría como la conocemos hoy.
Trombonista, productor, compositor y provocador musical profesional, Colón no
solo hizo canciones: construyó identidad latina. Desde los años 60 revolucionó
el sonido neoyorquino con una mezcla cruda, urbana y orgullosamente latina
que conectó con barrios, migrantes y generaciones enteras que buscaban
ritmo… y representación.
Su estilo era inconfundible: trombones potentes, letras con carácter y una
actitud que decía “aquí estamos”. Fue pieza clave en el auge de la salsa como
fenómeno internacional y su influencia cruzó fronteras, idiomas y épocas. Lo
escucharon nuestros abuelos, lo bailaron nuestros padres y hoy sigue sonando
en playlists digitales como si el tiempo no existiera.
Más allá de los escenarios, Colón también se involucró en causas sociales y
políticas, demostrando que el artista no solo canta: también opina, cuestiona y
participa.
Su muerte marca el cierre de una era dorada, pero su legado permanece
intacto. Porque cuando una canción suya empieza a sonar, nadie pregunta de
qué año es: simplemente se baila.
La salsa pierde a un referente, pero gana eternidad. Willie Colón ya no está
físicamente, pero su trombón seguirá marcando el paso en cada fiesta, en cada
reunión familiar y en cada corazón salsero.
Y eso, maestro, no lo borra ni el silencio.

