El Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar no se anda con juegos
cuando se trata de elegir a quien abre su escenario. Y este 2026 apostó por una
leyenda: Gloria Estefan. Resultado: la Quinta Vergara vibró… y el famoso
“Monstruo” terminó rendido a sus pies.
Porque si algo sabe hacer Estefan es convertir un concierto en una celebración
colectiva. Desde los primeros acordes, el público chileno respondió con una
energía que solo Viña sabe producir. Ese escenario no perdona improvisaciones
ni carreras en pausa. Ahí o conquistas… o te devoran. Y Gloria no solo
conquistó: arrasó.
Con una trayectoria que ha cruzado generaciones, idiomas y estilos, la cantante
demostró que el paso del tiempo no es un obstáculo cuando el talento es real.
Clásicos que marcaron los años 80 y 90 se mezclaron con arreglos actuales,
creando un espectáculo que conectó tanto con nostálgicos como con nuevas
audiencias.
La noche alcanzó su punto más emotivo cuando el público exigió los máximos
reconocimientos del festival: la Gaviota de Plata y la Gaviota de Oro. Y sí,
ambas fueron entregadas. No por protocolo. Por clamor popular.
En un contexto donde los festivales compiten por titulares virales y artistas de
moda, Viña decidió abrir con experiencia, historia y presencia escénica. Una
declaración de principios: las leyendas no pasan de moda, se consolidan.
Más allá del brillo de los premios, el mensaje fue claro. Gloria Estefan no vino a
recordar lo que fue. Vino a demostrar lo que sigue siendo.
Y el “Monstruo”, exigente como siempre, esta vez solo tuvo una reacción
posible: ovación total.

