La historia también se gobierna con símbolos. Este 19 de febrero, la presidenta
Claudia Sheinbaum encabezó la ceremonia por el 113 aniversario de la Marcha
de la Lealtad, un acto cargado de memoria, tradición y mensajes políticos que
siguen vigentes más de un siglo después.
La Marcha de la Lealtad recuerda el momento en que cadetes del Heroico
Colegio Militar escoltaron al entonces presidente Francisco I. Madero, en 1913,
en uno de los episodios más tensos de la historia nacional. Desde entonces, el
acto se ha convertido en una reafirmación del compromiso de las Fuerzas
Armadas con el orden constitucional.
Durante la ceremonia, Sheinbaum subrayó el valor de la lealtad institucional
como pilar de la vida pública. En un país marcado por transformaciones
políticas y desafíos constantes, el mensaje fue claro: las instituciones importan,
y su fortaleza depende de la fidelidad a la Constitución, no a personas o
intereses.
El evento no fue solo un ritual cívico. También funcionó como una lectura del
presente. En tiempos donde la palabra “lealtad” suele confundirse con
obediencia ciega, el acto recordó su significado original: compromiso con la
legalidad y la nación.
Acompañada por representantes de las Fuerzas Armadas y funcionarios de alto
nivel, la presidenta encabezó un acto sobrio, pero simbólicamente potente. Un
recordatorio de que el poder civil y el militar deben caminar juntos, pero
siempre bajo el marco constitucional.
A 113 años de distancia, la Marcha de la Lealtad sigue marchando. Y con ella, el
mensaje de que la historia no es solo pasado: también es guía.

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