Cuando el tema es fuerzas armadas extranjeras en territorio nacional, la palabra
“soberanía” deja de ser discurso y se convierte en debate inmediato.
El Senado recibió una nueva solicitud de la presidenta para autorizar el ingreso
de integrantes del Comando de Operaciones Especiales Norte de Estados
Unidos por un periodo de seis meses. El motivo oficial: participar en un evento
de capacitación.
Sí, capacitación. Pero el tema no es menor.
Cada vez que militares estadounidenses pisan suelo mexicano, aunque sea bajo
esquemas de entrenamiento y cooperación bilateral, la conversación pública se
enciende. La historia compartida entre ambos países en materia de seguridad
no es sencilla, y cualquier movimiento en ese terreno se analiza con lupa.
El procedimiento no es improvisado. La Constitución establece que el ingreso
de tropas extranjeras debe contar con autorización del Senado. Es decir, no es
una decisión unilateral ni discrecional.
Sin embargo, el contexto importa. La colaboración en seguridad entre México y
Estados Unidos ha atravesado distintas etapas: desde cooperación abierta
hasta tensiones diplomáticas por operativos, inteligencia y estrategias contra el
crimen organizado.
La pregunta inevitable surge otra vez:
¿Es cooperación técnica necesaria o dependencia estratégica?
El gobierno argumenta que se trata de ejercicios de formación, intercambio de
experiencia y fortalecimiento institucional. Sus críticos ven con recelo
cualquier presencia militar extranjera, aunque sea temporal.
Seis meses pueden parecer poco tiempo.
Pero en política y seguridad, cada paso tiene implicaciones simbólicas y
prácticas.
El Senado tendrá la última palabra.
Y el debate, como siempre, girará en torno a la misma línea sensible: seguridad
sin ceder soberanía.

