En política, a veces el silencio dice más que mil páginas. La presidenta Claudia
Sheinbaum fue cuestionada sobre el libro del periodista Julio Scherer Ibarra y
su posible impacto dentro de Morena. Su respuesta fue tan breve como
contundente: “No lo he leído, ni lo voy a leer”.
La declaración no solo marcó postura; marcó distancia. El libro en cuestión ha
generado comentarios en el entorno político por sus revelaciones y críticas
internas. Algunos lo ven como ajuste de cuentas, otros como testimonio
necesario de una etapa de poder.
Sin embargo, Sheinbaum optó por desactivar la polémica desde el desinterés
público. No confrontó contenidos, no debatió argumentos, no descalificó
directamente. Simplemente lo minimizó.
La estrategia parece clara: evitar que el tema escale y se convierta en agenda
central. En un entorno donde cualquier declaración puede amplificarse en redes
sociales, la presidenta eligió la indiferencia como herramienta política.
La ironía es evidente. En un país donde los libros han provocado reformas, crisis
y debates históricos, ahora uno es despachado con una frase que cabe en un
titular.
¿Resta importancia real o es una forma elegante de no alimentar la narrativa?
En política, ignorar también es comunicar.
Por ahora, el mensaje es que el libro no mueve el tablero oficial. Morena sigue
su curso y el gobierno mantiene su agenda.
Pero en el ajedrez político mexicano, incluso las piezas que no se miran pueden
estar jugando.
