El Senado levantó la voz ante un problema que no admite descuidos: el
debilitamiento del programa de vacunación universal. Frente a rebrotes de
enfermedades como el sarampión, legisladores urgieron a fortalecer el sistema
de salud y garantizar una cobertura efectiva en todo el país.
El llamado no es menor. Durante décadas, el esquema de vacunación fue uno de
los pilares de la salud pública en México. Hoy, sin embargo, los brotes de
enfermedades que se creían controladas funcionan como recordatorio incómodo
de que la prevención no puede darse por sentada.
Senadores advirtieron que la falta de vacunas, problemas de distribución y la
desinformación han abierto grietas en un sistema que antes operaba casi de
manera automática. Y cuando la prevención falla, el costo se paga en
hospitales saturados y riesgos innecesarios, especialmente para niñas y niños.
El exhorto busca que las autoridades de salud refuercen la logística, el abasto y
las campañas informativas, con el objetivo de reconstruir la confianza
ciudadana y asegurar que las vacunas lleguen a tiempo y a quienes las
necesitan. Porque no basta con tener programas en papel si no funcionan en la
práctica.
El brote de sarampión encendió las alertas, pero el problema va más allá de una
sola enfermedad. Se trata de evitar retrocesos sanitarios que ya habían sido
superados y que hoy amenazan con reaparecer por descuido o negligencia.
Desde la tribuna, el mensaje fue contundente: un sistema de salud eficaz no se
mide por discursos, sino por su capacidad de prevenir crisis. Y en materia de
vacunación, llegar tarde no es opción.
Porque cuando la prevención se debilita, el riesgo no distingue edades, regiones
ni colores políticos.

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