Promesas de salud universal ha habido muchas. Pero ahora el gobierno asegura
que el reloj ya empezó a correr.
El próximo 2 de abril iniciará la credencialización del Servicio Universal de
Salud, informó la Secretaría de Bienestar. La medida forma parte de la
estrategia para fortalecer el sistema público y articular a las tres grandes
instituciones: el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el ISSSTE y el
IMSS-Bienestar.
La presidenta Claudia Sheinbaum explicó que el objetivo es claro: que al cierre
del sexenio México cuente con un sistema de salud verdaderamente universal.
Es decir, que las personas puedan atenderse indistintamente en cualquiera de
estas instituciones, dependiendo de la clínica u hospital más cercano.
En papel, suena simple. En la práctica, implica integrar bases de datos,
homologar procesos, coordinar recursos y, sobre todo, garantizar que la
atención no dependa de si el paciente cotiza aquí o allá.
La credencialización busca convertirse en la llave de acceso a este modelo
unificado. Una sola identificación que permita recibir atención médica sin
importar la institución. La pregunta inevitable es si el sistema —históricamente
fragmentado— logrará operar sin tropiezos.
En redes sociales, el anuncio generó expectativas y escepticismo. Hay quienes
celebran la intención de simplificar el acceso a la salud pública. Otros
recuerdan que la saturación, la falta de medicamentos y los tiempos de espera
siguen siendo problemas estructurales.
El gobierno apuesta a que esta integración marque un antes y un después.
Porque cuando se habla de salud, la diferencia entre discurso y realidad se mide
en consultas, cirugías y tratamientos efectivos.
El 2 de abril no solo inicia un trámite administrativo. Inicia una prueba política y
operativa. Y en temas de salud, el margen de error no debería existir.
Universal suena bien. Ahora falta que funcione igual de bien.

