En política mexicana, las coincidencias casi nunca son coincidencias. Y el
nombramiento del nuevo titular de la Auditoría Superior de la Federación (ASF)
ya empezó a provocar más de una ceja levantada en los pasillos del poder.
El elegido es Aureliano Hernández Palacios Cardel, quien asumirá la
responsabilidad de dirigir el organismo encargado de revisar cómo se gasta el
dinero público en México. Es decir, el hombre que tendrá la lupa sobre el uso de
los recursos federales.
Hasta ahí todo normal. Lo interesante aparece cuando se revisa el árbol
familiar.
El padre del nuevo auditor trabajó en su momento con la actual presidenta
Claudia Sheinbaum, lo que inevitablemente ha provocado comentarios dentro y
fuera del ámbito político. No se trata de un delito ni de algo ilegal, pero en un
país donde la desconfianza hacia las instituciones es casi deporte nacional,
cualquier vínculo político previo se convierte en material para el debate.
La ASF es uno de los órganos más importantes del sistema de rendición de
cuentas del país. Su función es revisar el uso de los recursos públicos por parte
del gobierno federal, estados, municipios y organismos autónomos. En otras
palabras, es la institución que puede destapar irregularidades, malos manejos o
desvíos de dinero.
Por eso el perfil de quien la encabeza siempre genera escrutinio público.
Para algunos legisladores y analistas, el reto de Hernández Palacios Cardel será
demostrar que su trabajo será independiente y técnico. En la práctica, la ASF
debe funcionar como un contrapeso institucional, incluso cuando el gobierno
auditado sea el mismo que impulsó el nombramiento.
El nuevo auditor llega en un momento particularmente delicado: un país con
megaproyectos, gasto social creciente y una exigencia cada vez mayor de
transparencia.
Así que el mensaje será simple pero contundente: la credibilidad no se hereda…
se construye.
Y ahora todas las miradas estarán puestas en sus primeras auditorías.
Porque en México, cuando se trata de dinero público, el verdadero examen no
es el nombramiento… sino lo que se descubre después.

