El conflicto internacional en Medio Oriente ya comienza a generar preocupación
en los mercados energéticos del mundo. Y como suele ocurrir, cuando el
petróleo se mueve, las gasolinas no tardan en seguir el mismo camino.
Ante este escenario, la Secretaría de Hacienda de México cuenta con un
mecanismo que podría amortiguar hasta en 6.7 pesos por litro un posible
aumento en el precio de los combustibles.
El instrumento es conocido como estímulo fiscal al IEPS, un mecanismo que
permite reducir o eliminar temporalmente el impuesto que se cobra a los
combustibles para evitar que los incrementos internacionales se reflejen
directamente en el bolsillo de los consumidores.
La medida cobra relevancia en medio de la tensión generada por el conflicto
con Irán, que ha provocado nerviosismo en los mercados petroleros y ha
elevado el riesgo de una escalada en los precios del crudo.
Cuando el precio del barril sube, la gasolina suele subir también. Pero el
gobierno puede usar este estímulo fiscal como una especie de “colchón” para
suavizar el impacto.
En términos simples: si el petróleo sube demasiado, el gobierno reduce
impuestos para que el golpe no sea tan fuerte en las estaciones de servicio.
Sin embargo, este mecanismo tiene un costo fiscal importante, ya que implica
dejar de recaudar recursos que normalmente ingresarían a las arcas públicas.
Aun así, en momentos de volatilidad internacional, las autoridades suelen
utilizar esta herramienta para evitar efectos inflacionarios en la economía.
Porque cuando sube la gasolina, no solo se afecta a los automovilistas: también
suben los costos del transporte, la logística y muchos productos básicos.
Y ahí es cuando toda la economía lo resiente.

