En medio de una escalada militar que ha sacudido Medio Oriente, el cardenal de
Teherán logró abandonar Irán y reunirse con el líder de la Iglesia Católica.
El arzobispo Dominique Mathieu, responsable de la arquidiócesis de Teherán-
Isfahán, sostuvo un encuentro con Papa León XIV el pasado 11 de marzo en
Roma, después de haber vivido los primeros días de los enfrentamientos
militares en la capital iraní.
Mathieu encabezaba la pequeña comunidad católica del país, integrada por
cerca de 2 mil fieles, en un contexto ya complicado por protestas internas,
tensiones políticas y amenazas internacionales.
La situación se agravó tras los ataques conjuntos ordenados por el presidente
estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu
el 28 de febrero.
Los bombardeos provocaron la muerte del líder supremo iraní Ali Khamenei, lo
que detonó una cadena de represalias militares.
En respuesta, Irán lanzó ataques contra bases estadounidenses, posiciones
israelíes y objetivos en varios países del Golfo.
En medio de ese clima de tensión, la Italia decidió cerrar su embajada en
Teherán. La residencia del cardenal se encontraba dentro del recinto
diplomático, por lo que el religioso tuvo que evacuar junto con el personal
diplomático.

Posteriormente logró salir del país a través de Azerbaiyán, desde donde tomó un
vuelo hacia Roma.
Durante varios días se desconocía su paradero, lo que generó preocupación
dentro de la Iglesia Católica.
Finalmente, su llegada a Italia confirmó que el cardenal había logrado
abandonar la zona de conflicto.
Su encuentro con el Papa no solo representó un momento de alivio personal,
sino también un gesto simbólico en medio de una crisis internacional que
continúa escalando.
Porque en tiempos de guerra, incluso los líderes religiosos terminan atrapados
en la geopolítica.

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