La realidad en Hidalgo acaba de cruzar una línea que parecía difícil de superar:
delincuentes no solo burlaron a la autoridad… literalmente se la llevaron puesta.
La madrugada de este lunes, una patrulla de la Policía Municipal de El Arenal
fue robada mientras se encontraba estacionada, como si fuera cualquier
vehículo abandonado. Sí, una unidad oficial, equipada, visible… y aún así,
desapareció sin mayor resistencia.
Pero lo peor no fue el robo.
Horas después, esa misma patrulla fue utilizada para cometer un asalto con
violencia en Huichapan. El escenario: el libramiento, a la altura del crucero
hacia Zothé. La estrategia: tan simple como efectiva.
Sujetos armados, vestidos con uniformes, interceptaron a un conductor que
viajaba en un Chevrolet Chevy. Al ver la patrulla, hizo lo que cualquier
ciudadano haría: se orilló. Pensó que era una revisión. Pensó que era rutina.
Pensó… mal.
En segundos, lo que parecía un acto de autoridad se convirtió en un asalto. Los
delincuentes lo despojaron de su vehículo y huyeron, aprovechando no solo el
factor sorpresa, sino algo más grave: la confianza en la policía.
Porque aquí no solo se robaron un auto.
Se robaron la credibilidad.

Horas más tarde, alrededor de las 17:00, la patrulla —una Nissan Pick Up
oficial— fue encontrada abandonada entre la maleza en el Barrio Guadalupe, en
la comunidad de San José Atlán. Como si, después de usarla, simplemente la
hubieran tirado.
Autoridades desplegaron un operativo para dar con los responsables: tres
hombres armados con armas largas que, tras abandonar la unidad, escaparon a
pie.
Y mientras continúa la búsqueda, queda una pregunta incómoda flotando en el
aire:
Si ya no puedes confiar ni en una patrulla…
¿entonces en quién?

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