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300 MIL PESOS EN VIÁTICOS Y MUCHAS DUDAS; TURISMO: SIN
PLANEACION ACTUAL
POR LA REDACCIÓN
PACHUCA, HGO., 20 DE MARZO DE 2026
En política pública, gastar no siempre es sinónimo de invertir. Y en
el caso de la estrategia turística en Hidalgo, esa diferencia parece hoy
más relevante que nunca. La reciente controversia en torno a la
secretaria de Turismo, Elizabeth Quintanar Gómez, exhibe una tensión
persistente en la administración pública: la distancia entre el discurso
institucional y la percepción de quienes viven y dependen del turismo en
el territorio.
Por un lado, la narrativa oficial apunta a un “repunte turístico”,
respaldado por giras, en ferias internacionales y proyectos que, en
conjunto, sumarían millones de pesos en inversión. Sin embargo, en el
terreno de los hechos, las cifras presentadas carecen de indicadores
concretos que permitan medir su impacto real en variables clave como
derrama económica, incremento de visitantes o mejora en
infraestructura.
El punto más sensible del debate gira en torno al uso de recursos
públicos. Los señalamientos por un gasto cercano a 300 mil pesos en
viáticos e incluso montos superiores en eventos específicos han
encendido cuestionamientos sobre la pertinencia y eficiencia de estas
erogaciones.
El problema no es únicamente cuánto se gasta, sino qué se
obtiene a cambio. En un contexto donde cada peso público debería
traducirse en beneficios tangibles, la falta de transparencia en
resultados abre la puerta a la sospecha.
Mientras la promoción avanza en escenarios nacionales e
internacionales, prestadores de servicios turísticos denuncian una
realidad distinta: abandono. Balnearios del Valle del Mezquital uno de los
principales atractivos del estado enfrentan rezagos; carnavales y
cocineras tradicionales son utilizados como imagen promocional, pero
sin continuidad en el apoyo; y en algunas comunidades, incluso la
infraestructura básica sigue siendo insuficiente.
Esta desconexión revela un problema estructural: la promoción
turística no puede sostenerse únicamente en marketing si no existe una
base sólida en el destino. Paradójicamente, existen datos que muestran
dinamismo en el sector: cientos de miles de visitantes y una derrama
económica relevante en temporadas altas.
Pero aquí surge una pregunta clave: ¿estos resultados son
consecuencia directa de la estrategia actual o responden a inercias
previas, atractivos naturales consolidados o temporadas específicas?

