El Senado mexicano volvió a demostrar que el debate político puede convertirse
en espectáculo en cuestión de segundos. Esta vez, el enfrentamiento entre Lilly
Téllez y Saúl Monreal elevó el tono… y bajó el nivel.
Lo que debía ser una discusión legislativa terminó en un intercambio de
acusaciones que, para muchos, se sintió más cercano a un reality show que a
un ejercicio democrático.
Ante el caos, la senadora Laura Itzel Castillo hizo un llamado a recuperar la
seriedad del recinto. Pidió respeto a la investidura y, sobre todo, elevar el nivel
del debate.
Una solicitud que suena lógica… pero que también parece repetirse cada vez
que ocurre un episodio similar.
Porque si algo ha caracterizado a la política en los últimos años, es esa línea
cada vez más delgada entre el debate y el espectáculo. Y aunque los momentos
virales generan atención, también dejan una pregunta incómoda: ¿se está
legislando o solo actuando?
El problema no es que haya diferencias —eso es parte de la democracia—, sino
la forma en que se expresan.
Y mientras las discusiones se convierten en tendencia, las soluciones siguen
esperando.
