En lo que parece una discusión digna de redes sociales, pero con
consecuencias diplomáticas, la presidenta Claudia Sheinbaum volvió a defender
el nombre del Golfo de México frente a Donald Trump, quien insiste en llamarlo
“Golfo de América”.
Sí, una disputa geográfica convertida en debate político. Porque cuando no hay
temas más urgentes (o sí, pero se ignoran), el nombre de un golfo puede
convertirse en bandera nacional.
Sheinbaum fue clara: se llama Golfo de México. Punto. Y lo dijo tras un evento
en Zacatecas, dejando claro que el tema no es menor, al menos en términos de
soberanía simbólica.
Trump, por su parte, fiel a su estilo, mantiene su postura. Porque cambiar
nombres también es una forma de marcar territorio… aunque sea en discurso.
Más allá del intercambio, el episodio refleja cómo la política moderna mezcla lo
serio con lo absurdo. Y cómo, al final, todo puede convertirse en narrativa.

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