Estados Unidos decidió ampliar su lista de sancionados y, en el proceso, dejó
claro que el crimen organizado no discrimina profesiones.
Entre los señalados están un activista, un exabogado del crimen organizado, un
personaje apodado “Crosty” y hasta casinos. Todos acusados de facilitar
operaciones del Cártel del Noreste.
La mezcla resulta tan sorprendente como preocupante: demuestra que las redes
criminales pueden infiltrarse en cualquier espacio, desde lo legal hasta lo
social.
Las sanciones buscan cortar el flujo financiero del cártel, pero también
evidencian algo más profundo: la dificultad de separar lo legal de lo ilegal
cuando ambos conviven demasiado cerca.
