Viajar al espacio siempre ha sido sinónimo de avance, descubrimiento y orgullo
científico. Pero los datos más recientes de la misión Artemis II dejan algo claro:
el cuerpo humano no la pasa tan bien allá arriba.
Los astronautas han registrado cambios que suenan casi de ciencia ficción…
pero son completamente reales. El cerebro se desplaza dentro del cráneo, y al
menos 130 regiones cerebrales presentan alteraciones debido a la falta de
gravedad.
Por si fuera poco, en apenas 10 días perdieron el 20% de su masa muscular y
estuvieron expuestos a niveles de radiación equivalentes a cinco años en la
Tierra.
Sí, explorar el espacio tiene su precio. Y no es precisamente barato para el
cuerpo.
Aun así, la astronauta Christina Koch lo resume con una frase tan poética como
incómoda: desde el espacio, la humanidad se ve más parecida que diferente.
El contraste es brutal. Mientras el discurso habla de unidad global, la realidad
científica muestra que ni siquiera estamos completamente adaptados para salir
de nuestro planeta.
La pregunta ya no es si podemos ir más lejos.
Es si realmente estamos preparados para hacerlo.

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