Cuando se habla del sistema electoral en México, cualquier cambio suena a
terremoto político.
Pero esta vez, desde el Senado, el mensaje es claro: el Instituto Nacional
Electoral no desaparece.
La senadora Laura Itzel Castillo defendió el llamado “Plan B” de la reforma
electoral, asegurando que el objetivo no es eliminar instituciones, sino reducir
gastos y burocracia.
Sí, el clásico “no es lo que parece”.
Según la legisladora, la reforma busca hacer más eficiente el sistema,
eliminando excesos sin afectar su funcionamiento.
Pero claro, no todos están convencidos.
Críticos advierten que cualquier modificación al INE puede debilitar su
autonomía, mientras que el oficialismo insiste en que se trata de ajustes
necesarios.
El problema es la confianza.
En un país donde las elecciones han sido históricamente cuestionadas, tocar al
árbitro siempre genera sospechas.
Así que la discusión no es solo técnica. Es política. Y emocional.
Porque al final, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Reforma… o riesgo?

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