Bellas Artes se rinde ante Alondra de la Parra: regreso triunfal… como si nunca
se hubiera ido
Hay regresos discretos… y luego está el de Alondra de la Parra. La directora
mexicana volvió al escenario del Palacio de Bellas Artes y, para sorpresa de
nadie (o de todos), salió ovacionada como si el tiempo no hubiera pasado.
Después de varios años lejos de los escenarios mexicanos, su reaparición al
frente de la Orquesta Sinfónica Nacional fue todo menos tímida. Desde el primer
momento, dejó claro que no venía a “probar suerte”, sino a recordar por qué su
nombre pesa en la música clásica.
El concierto, parte del Programa 7 de la Primera Temporada 2026, ofreció un
repertorio que no perdona errores: Claude Debussy, Maurice Ravel y Serguéi
Prokófiev. Obras complejas, exigentes y, sobre todo, perfectas para demostrar
carácter. Y vaya que lo hubo.
Bajo su dirección, la orquesta sonó precisa, intensa y con esa fuerza expresiva
que convierte un buen concierto en una experiencia memorable. No fue solo
técnica; hubo emoción. De esa que no se ensaya.
Pero si alguien se robó varios suspiros (y aplausos), fue el pianista Thomas
Enhco. Su interpretación no solo acompañó, sino que elevó el recital.
Virtuosismo puro, sin exageraciones, de ese que no necesita espectáculo
porque ya lo es.
Lo curioso es que, en pleno 2026, aún sorprende que la música clásica pueda
llenar salas y generar euforia. Como si cada concierto exitoso tuviera que
recordarnos que este género sigue más vivo de lo que muchos creen.
Y por si fuera poco, el cierre fue un guiño directo al orgullo nacional. Tras las
ovaciones, llegó el encore con piezas de Arturo Márquez y José Pablo Moncayo.
Resultado: aplausos de pie, emoción colectiva y el inevitable “¡Viva México!”
que selló la noche.
Al final, más que un concierto, fue una declaración: Alondra de la Parra no
volvió… simplemente retomó su lugar.
Porque hay talentos que no se apagan, solo hacen pausas dramáticas.

