En Pachuca, la seguridad pública volvió a demostrar que, más que estrategia,
parece un ejercicio constante de improvisación con uniforme. Esta vez, el
protagonista es Juan Manuel Ayala Guarro, quien fue relevado de su cargo como
titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Tránsito y Vialidad… después de
un “pequeño detalle”: no cumplir con lo básico.
Su salida no fue precisamente discreta. Llegó precedida de un desencuentro
público con Salvador Cruz Neri, secretario de Seguridad estatal, quien
básicamente dijo lo que muchos sospechaban: las cosas no estaban
funcionando. Y no, no era percepción.
Entre las “irregularidades” detectadas —porque decirles fallas ya suena suave—
se encontraban detenciones sin justificación, particularmente a transportistas
(porque claro, siempre es más fácil detener al que trabaja), ausencia de
patrullajes en zonas clave y una operatividad que brillaba… pero por su
ausencia.

Cruz Neri, visiblemente frustrado, admitió que ya se había cansado de dialogar.
Una frase que, en términos políticos, suele traducirse como: “ya no hay forma
de defender esto”.
Pero lo verdaderamente llamativo no es el relevo, sino el contexto. Ayala Guarro
llevaba en el cargo desde noviembre de 2023. Es decir, el problema no apareció
de la nada. Simplemente creció, se ignoró… y eventualmente explotó.
Durante ese tiempo, según el propio señalamiento estatal, no hubo avances en
reclutamiento, capacitación ni fortalecimiento operativo. En otras palabras: una
corporación estancada en un estado donde la seguridad no admite pausas.
Y por si faltaba tensión, también se puso sobre la mesa la posibilidad de retirar
el Mando Coordinado. Sí, ese esquema que en teoría busca alinear esfuerzos…
pero que en la práctica parece depender más de voluntades que de resultados.
El relevo, ahora oficial, se presenta como un “reacomodo estratégico”. Una
expresión elegante para decir que algo salió mal y había que mover piezas
antes de que el problema fuera más evidente.
La gran incógnita, como siempre, no es quién se va, sino quién llega… y si
realmente cambiará algo.
Porque en Pachuca, al parecer, la seguridad no solo enfrenta desafíos en las
calles, sino también en los escritorios. Y mientras las decisiones se toman
entre declaraciones y desencuentros, la ciudadanía sigue esperando algo
bastante básico: que las cosas funcionen.

Porelnuevograficodehidalgo

El Nuevo Gráfico de Hidalgo El Periodismo es una ventana hacia la historia, donde cada día se aprende