El reciente comentario de Claudia Sheinbaum sobre el tema de la
gasolina no solo ha generado polémica, sino que también ha encendido
alertas dentro de los propios simpatizantes del movimiento que dice
representar. Más allá de una declaración aislada, lo que se percibe es un
distanciamiento progresivo de los principios que dieron origen a la
llamada Cuarta Transformación.
La 4T nació como una respuesta frontal al modelo neoliberal que
durante décadas marcó la política económica de México. Bajo el
liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, el discurso fue claro:
recuperar la soberanía energética, fortalecer al Estado y limitar la
influencia de intereses privados, especialmente extranjeros, en sectores
estratégicos. Hoy, sin embargo, las decisiones y posturas recientes
parecen apuntar en otra dirección.
Particularmente preocupante es la apertura hacia actores
financieros globales como BlackRock, una firma que simboliza
precisamente ese modelo económico que el obradorismo criticó con
firmeza. El hecho de abrirle la puerta a este tipo de capital no solo
contradice el discurso histórico del movimiento, sino que también
plantea dudas legítimas sobre el rumbo que está tomando el proyecto
político.
No se trata de rechazar toda inversión o de cerrarse al mundo, sino
de mantener coherencia con los principios que se defendieron durante
años. López Obrador fue enfático en su rechazo a alianzas que
comprometieran la autonomía del país o que reprodujeran esquemas de
dependencia económica. La actual narrativa, en cambio, parece suavizar
esas posturas, acercándose peligrosamente a una lógica que se
prometió erradicar.
A esto se suma otro elemento clave: el registro de líneas celulares
y otras medidas que, aunque presentadas como herramientas de
seguridad, despiertan inquietudes sobre vigilancia y control. En
conjunto, estas decisiones proyectan una imagen de un gobierno que,
lejos de profundizar la transformación, podría estar transitando hacia
una versión renovada y maquillada del viejo modelo.
La pregunta es inevitable: ¿está la 4T olvidando su esencia? ¿Se
está diluyendo el proyecto original en aras de pragmatismo político o
presiones económicas? Lo cierto es que, para una base que creyó en un
cambio profundo, estos movimientos no pasan desapercibidos.
La historia juzgará si se trata de ajustes estratégicos o de un
viraje ideológico. Por ahora, lo que queda claro es que la coherencia
entre discurso y acción será el verdadero termómetro de la legitimidad
de esta nueva etapa.
