La presidenta Claudia Sheinbaum dejó clara su postura frente a las recientes
movilizaciones del campo: los apoyos ya no pasarán por organizaciones.
El mensaje fue directo —y con cierta carga política—: “no vamos a regresar a
ese esquema”. Es decir, se acabó eso de que asociaciones o líderes distribuyan
los recursos. Ahora, el dinero llegará directamente a los productores.
En teoría, la medida busca eliminar intermediarios, evitar malos manejos y
garantizar que los apoyos realmente lleguen a quien los necesita. Suena bien…
demasiado bien, dirían algunos.
Porque del otro lado están organizaciones como el Frente Nacional por el
Rescate del Campo Mexicano y transportistas que reclaman justamente lo
contrario: que se les está dejando fuera del proceso.
El cambio no es menor. Implica redefinir la forma en que el gobierno se
relaciona con el campo y también debilitar estructuras que durante años
funcionaron —bien o mal— como intermediarias.
Al final, la apuesta es clara: trato directo con el productor. La duda, como
siempre, está en la ejecución… y en quién termina realmente beneficiado.
