El Senado aprobó una ley para combatir el feminicidio, un problema urgente y
doloroso en México. Sin embargo, la celebración duró poco.
La oposición advirtió lo evidente: sin presupuesto, la reforma corre el riesgo de
convertirse en letra muerta.
Porque legislar es importante, pero implementar cuesta. Y sin recursos,
cualquier estrategia se queda en intención.
El feminicidio no es un tema menor. Es una crisis que requiere acciones
concretas, coordinación institucional y, sobre todo, inversión.
La aprobación de la ley es un paso… pero no suficiente.
El verdadero desafío será garantizar que no se quede en el papel.
Porque en México, las leyes sobran.
Lo que falta… es que funcionen.

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