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OPINIÓN DE: MARÍA RESENDIZ

PACHUCA, HGO., 05 DE JUNIO DE 2026
El inicio de la Copa del Mundo no solo marca el comienzo de la
máxima fiesta del futbol internacional; también representa un momento
histórico para México, donde desde hace semanas se percibe un
ambiente de entusiasmo, orgullo y expectativa en las calles, comercios,
cafés y los espacios públicos.
La pasión deportiva que caracteriza a millones de mexicanos se ha
hecho evidente en cada rincón del país. Las conversaciones giran en
torno a los partidos, las selecciones participantes y la experiencia que
traerá consigo uno de los eventos más importantes del planeta. La
emoción no se limita a los aficionados al futbol: el Mundial se ha
convertido en un acontecimiento que involucra a familias, empresarios,
trabajadores del sector turístico y comunidades enteras.
La expectativa es aún mayor porque México no es un anfitrión
cualquiera. El país escribió una página dorada en la historia del futbol al
organizar la Copa del Mundo de 1970, considerada por muchos como una
de las mejores ediciones de todos los tiempos y la primera celebrada en
Norteamérica. Aquel torneo quedó inmortalizado por la consagración de
Pelé y la selección de Brasil. Dieciséis años después, en 1986, México
volvió a abrir sus puertas al mundo y fue testigo de la legendaria
actuación de Diego Armando Maradona con Argentina. Ahora, en 2026, el
país hará historia nuevamente al convertirse en la primera nación en
recibir tres Copas del Mundo.
Además de haber sido escenario de dos de los campeones más
icónicos del futbol mundial, México también logró sus mejores
actuaciones mundialistas cuando fue anfitrión, alcanzando los cuartos
de final tanto en 1970 como en 1986, impulsado por el apoyo de su
afición.
Se espera la llegada de miles de visitantes nacionales y
extranjeros, lo que representa un impulso significativo para la economía
local. Hoteles, restaurantes, servicios de transporte y establecimientos
comerciales se preparan para recibir a turistas que buscarán disfrutar no
solo de los encuentros deportivos, sino también de la riqueza cultural,
gastronómica y turística que ofrece México.
Más allá de los beneficios económicos, el Mundial brinda la
oportunidad de proyectar una imagen positiva del país ante una
audiencia global. La hospitalidad mexicana, reconocida

internacionalmente, será uno de los principales atractivos para quienes
lleguen a vivir esta experiencia.
El desafío ahora será estar a la altura de las expectativas. La
organización, la seguridad, la movilidad y la calidad de los servicios
serán factores clave para garantizar que tanto visitantes como
residentes disfruten de una celebración memorable.
El balón está por rodar y México ya vive la emoción. El espíritu
deportivo se siente en el ambiente, mientras el país se prepara para
recibir al mundo y demostrar, una vez más, su capacidad para ser
anfitrión de grandes eventos internacionales. Con una historia
mundialista que une las hazañas de Pelé, Maradona y ahora una nueva
generación de futbolistas y aficionados, el país se dispone a escribir otro
capítulo que quedará en la memoria del deporte.

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