Por: Luis Antonio Santillán Varela
11/10/2025
Un estudio musicológico de 1981 aborda la historia y la anatomía del
instrumento fundamental del tango, alertando sobre su precaria
situación futura.
BUENOS AIRES.— El bandoneón, un aerófono portátil esencial para el
tango, ha sido objeto de un estudio musicológico detallado realizado por
Ricardo D. Salton y publicado en 1981 en la Revista del Instituto de
Investigación Musicológica “Carlos Vega”. Este trabajo buscó abordar el
instrumento con un criterio científico, a diferencia de muchos estudios previos
que carecían de conocimiento técnico profundo, recurriendo directamente a
instrumentistas y afinadores debido a la escasez y deficiencia de la
bibliografía existente.
El estudio de Salton se divide en tres partes: una descripción detallada
(organología), la evolución histórica y algunas conclusiones.
La Anatomía de un Enigma Musical
Organológicamente, el bandoneón es un instrumento aerófono portátil
compuesto por dos cajas armónicas unidas por un fuelle, el cual pone en
vibración juegos de lengüetas libres ubicadas en el interior de las cajas. El
instrumento consta de un dispositivo que permite abrir o cerrar el fuelle sin
producir sonido, accionando una zapatilla de válvula que destapa la toma de
aire.
El autor clasifica los bandoneones en dos tipos principales:
1. Tipo A (Sistema Kusserow): Posee una sola lengüeta por zapatilla, lo
que significa que el mismo sonido se produce tanto al abrir como al
cerrar el fuelle. Su teclado está ordenado cromáticamente (aunque
erróneamente se los llame "cromáticos") y suele tener 114 teclas.
2. Tipo B: Estos bandoneones poseen dos lengüetas por zapatilla,
resultando en dos sonidos por tecla, uno al cerrar el fuelle y otro al
abrirlo. Este grupo incluye el subtipo con teclado "totalmente
desordenado", conocido como "acromático" o "diatónico".
El bandoneón diatónico usado en la Argentina, un subtipo B, es el que ha
alcanzado la mayor difusión y una mejor calidad de sonido, convirtiéndose en
un instrumento fundamental del tango. Sus características más distintivas son
sus teclados, que son "un verdadero enigma" ya que su ordenamiento "no
responde a ninguna lógica, ni musical ni matemática" (un hecho comprobado
incluso con la ayuda de computadoras). El modelo estándar argentino tiene
71 teclas (38 derechas y 33 izquierdas).

En cuanto a su ejecución, aunque en sus orígenes germánicos se tocaba
colgado del cuello, el aumento de peso obligó a los músicos a apoyarlo sobre
las piernas estando sentados. No obstante, algunos bandoneonistas
populares adoptaron la postura de tocar de pie, apoyando el instrumento
sobre una pierna semiflexionada.
Raíces Antiguas y Apogeo Argentino
El antecedente histórico más remoto del bandoneón es el órgano de boca
chino, el sheng, mencionado ya hacia el 1100 a.C.. La lengüeta libre que
caracteriza al bandoneón comenzó a diseminarse rápidamente por Europa a
fines del siglo XVIII.
El bandoneón fue inventado por el músico Heinrich Band en Krefeld,
Alemania, en 1844, basándose en la concertina alemana. En Alemania, el
bandoneón se mantuvo en la música folklórica. Sin embargo, pasó a la
Argentina hacia 1860/65 (posiblemente traído por el marinero irlandés Tomas
Mur) y allí adquirió impulso al ser incorporado a los grupos musicales que
animaban los salones, adoptándolo posteriormente el tango como un
instrumento imprescindible.
En la primera mitad del siglo XX, las fábricas de bandoneones más
importantes fueron las de Alfred Arnold (bandoneones AA) y Ernst Ludwig
Arnold (ELA) en Alemania. No obstante, la producción disminuyó
notablemente después de la Segunda Guerra Mundial, y la firma Alfred
Arnold, tras mudarse a Alemania Federal, fue liquidada en 1971, aunque en
1976 Georg Bauer compró la firma y comenzó una nueva producción.
La Doble Vida: Popular y Académica
Mientras el bandoneón mantuvo su lugar indiscutido en las orquestas de
tango, el músico argentino Alejandro Barletta abrió una nueva vía para el
instrumento alrededor de 1945 al incorporarlo al ámbito de la música
académica. Barletta y otros compositores como René Marino Rivera
(discípulo de Barletta) y Karl Oriwohl escribieron numerosas obras
específicas para bandoneón, y existe una lista considerable de música
superior escrita originalmente para este instrumento.
En el ámbito de la enseñanza, si bien en la Argentina la mayoría de los
músicos interesados prefieren aprender con profesores particulares
provenientes del ámbito popular, el Conservatorio Municipal de Buenos Aires
dicta cursos regulares de bandoneón desde aproximadamente 1950.

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