Nota musical

El joven Beethoven sacude los cimientos de Viena: El nacimiento de una nueva era pianística con su Sonata Op. 2 n.º 1

Por: [Luis Antonio Santillán Varela]
12/04/2026
Viena, 1796 – En el corazón de la capital musical de Europa, un joven de veinticinco años llamado Ludwig van Beethoven ha presentado una obra que promete redefinir el futuro del teclado. Su Sonata para piano n.º 1 en fa menor, parte del conjunto Opus 2, no solo marca su debut formal en el género tras sus años en Bonn, sino que establece un puente audaz entre el Clasicismo heredado y un incipiente Romanticismo cargado de tensión.
Un desafío a la tradición
Compuesta entre 1794 y 1795, la obra fue estrenada en el otoño de este último año en la residencia del príncipe Carl Lichnowsky, contando con la presencia de su maestro, Joseph Haydn. Aunque la pieza está dedicada formalmente a Haydn como muestra de gratitud por su apoyo en la sociedad vienesa, la música revela a un Beethoven que ya no se siente un simple alumno. La mayor innovación que ha impactado a los críticos es su estructura: a diferencia de las sonatas para solista de Mozart o Haydn, que tradicionalmente constan de tres movimientos, Beethoven ha decidido ampliar el esquema a cuatro movimientos. Al incluir un minueto y un trío, el compositor eleva la sonata para teclado al nivel estructural de una sinfonía o una obra de cámara compleja.
El piano como protagonista absoluto
La publicación de la obra por la editorial Artaria ha dejado clara la preferencia de Beethoven por el piano vienés frente al clavecín. La partitura incluye indicaciones de cambios dinámicos y acentos que resultan imposibles de ejecutar en un clavecín, lo que marca un punto de inflexión técnico en la literatura pianística.

Musicalmente, el primer movimiento (Allegro) ha sorprendido por su carácter agitado y sombrío. Iniciando con el famoso «cohete de Mannheim» —un arpegio ascendente que culmina en un tresillo—, la obra utiliza lo que teóricos modernos llaman el «Método 1, 2, 3», donde una idea inicial se repite para detonar un desarrollo de gran energía. Esta intensidad, marcada por silencios dramáticos y armonías sincopadas, ya deja entrever al Beethoven apasionado que el público empieza a admirar.
Recepción: Entre el éxito y la incomprensión
La acogida por parte del público y la crítica ha sido, en general, cálida; sin embargo, la relación con su maestro ha mostrado grietas. Se rumorea que Haydn, tras escuchar las piezas, comentó de forma ambivalente: «no le falta talento, pero aún le falta instruirse». Algunos estudiosos sugieren que al veterano maestro le desagradó la «audacia» del joven de Bonn.

A pesar de ser catalogada como su primera sonata oficial, se sabe que Beethoven ya había experimentado con el género anteriormente en Bonn, pero es esta obra la que ha sido bautizada por algunos como la «pequeña Appassionata» por compartir la tonalidad de fa menor con su futura y monumental Op. 57.

Con esta obra, Beethoven no solo ha rendido tributo a la forma clásica de Mozart y Haydn, sino que ha iniciado lo que algunos ya consideran el «Nuevo Testamento» de la música para piano, un camino de expresión personal y técnica que cambiará la historia para siempre.

VOCES DE ARMONÍA: CÓMO EL CANTO TRADICIONAL DE SANGIHE UNE A CRISTIANOS, MUSULMANES Y BUDISTAS EN INDONESIA

POR: LUIS ANTONIO SANTILLÁN VARELA
28/12/2025
EN EL DISTRITO DE TAMAKO, UBICADO EN LAS ISLAS SANGIHE, LA MÚSICA HA
DEJADO DE SER UNA SIMPLE EXPRESIÓN ESTÉTICA PARA CONVERTIRSE EN
UN PODEROSO PUENTE DE PAZ Y CONVIVENCIA. UN ESTUDIO ETNOGRÁFICO
RECIENTE SOBRE LA TRADICIÓN DEL MASSAMPER PUTRI, REVELA CÓMO ESTA
PRÁCTICA VOCAL COMUNITARIA ES FUNDAMENTAL PARA FORTALECER LA
MODERACIÓN RELIGIOSA Y LA COHESIÓN SOCIAL EN LA REGIÓN.
UN MOSAICO DE VOCES Y CREENCIAS
AUNQUE TAMAKO ES UNA ZONA PREDOMINANTEMENTE CRISTIANA, ES
HOGAR DE COMUNIDADES MUSULMANAS, BUDISTAS Y DE OTRAS RELIGIONES.
A DIFERENCIA DE OTRAS REGIONES DONDE LA DIVERSIDAD PUEDE GENERAR
TENSIONES, LOS HABITANTES DE TAMAKO SON RECONOCIDOS POR SUS
RELACIONES INTERRELIGIOSAS PACÍFICAS. EL MASSAMPER, UNA TRADICIÓN
DE CANTO RESPONSORIAL HEREDADA DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN,
ACTÚA COMO UN ESPACIO DE DIÁLOGO NATURAL DONDE ESTAS
COMUNIDADES INTERACTÚAN DE FORMA IGUALITARIA.
UN ESTUDIO DESTACA QUE EL MASSAMPER PUTRI NO SE LIMITA A
CANCIONES SAGRADAS, SINO QUE SUS LETRAS TRANSMITEN VALORES
MORALES, SABIDURÍA LOCAL Y TEMAS DE RESPETO MUTUO. DURANTE
FESTIVALES Y CELEBRACIONES COMO EL TULUDE —EL RITUAL ANUAL DE
ACCIÓN DE GRACIAS DE SANGIHE— PERSONAS DE DISTINTOS TRASFONDOS
RELIGIOSOS PARTICIPAN COMO CANTANTES, SEGUIDORES O ESPECTADORES,
TRANSFORMANDO LA TRADICIÓN EN UN SÍMBOLO DE UNIDAD NACIONAL.
LA MÚSICA COMO HERRAMIENTA DE MODERACIÓN
EL ANÁLISIS MUSICAL DE LA OBRA PEGIONG KAPIANE MUESTRA UNA
ESTRUCTURA DE CUATRO VOCES (SOPRANO, CONTRALTO, TENOR Y BAJO)
CON PATRONES DE LLAMADA Y RESPUESTA. SEGÚN LOS INVESTIGADORES,
ESTE DISEÑO FOMENTA UNA EXPERIENCIA INCLUSIVA:
• ARMONÍA COLECTIVA: EL ÉXITO DEL CANTO DEPENDE DE LA COHESIÓN DEL
GRUPO Y NO DEL LUCIMIENTO INDIVIDUAL, LO QUE REFLEJA LOS VALORES
DE COOPERACIÓN DE LA CULTURA SANGIHE.
• RITMO Y ALEGRÍA: EL TEMPO ALLEGRO Y LOS PATRONES RÍTMICOS RÁPIDOS
CREAN UNA ATMÓSFERA FESTIVA QUE FACILITA LA PARTICIPACIÓN
COMUNITARIA SIN BARRERAS DOCTRINALES.
• VALORES UNIVERSALES: FRASES REPETITIVAS COMO “MA-WU RU-A-TA IA-
MANG” (DIOS EL SUSTENTADOR) REFUERZAN SENTIMIENTOS DE GRATITUD Y
SOLIDARIDAD QUE SON ACEPTADOS POR TODAS LAS RELIGIONES PRESENTES.
UN MODELO DE CONVIVENCIA
LA PRÁCTICA DEL MASSAMPER SE ALINEA CON LOS CUATRO PILARES DE LA
MODERACIÓN RELIGIOSA PROMOVIDOS EN INDONESIA: EL COMPROMISO
NACIONAL, LA TOLERANCIA, LA NO VIOLENCIA Y LA ACOMODACIÓN
CULTURAL. AL INTEGRAR A JÓVENES Y ADULTOS DE DIVERSAS CREENCIAS

EN LOS ENSAYOS Y COMPETENCIAS, LA TRADICIÓN ASEGURA LA
TRANSMISIÓN DE VALORES ÉTICOS Y LA RESILIENCIA CULTURAL FRENTE A
LA MODERNIZACIÓN. EN ÚLTIMA INSTANCIA, EL MASSAMPER EN TAMAKO
DEMUESTRA QUE LAS PRÁCTICAS CULTURALES LOCALES PUEDEN SER LOS
GUARDIANES MÁS EFECTIVOS DE LA IDENTIDAD Y LA PAZ.
PARA ENTENDERLO MEJOR: LA ESTRUCTURA DEL MASSAMPER ES COMO UN
GRAN CORO DONDE CADA VOZ, AUNQUE DISTINTA, ES INDISPENSABLE PARA
LA CANCIÓN FINAL; DE LA MISMA MANERA, LA COMUNIDAD DE TAMAKO
ENTIENDE QUE SU DIVERSIDAD NO ES UNA FUENTE DE RUIDO, SINO LA BASE
DE UNA ARMONÍA SOCIAL COMPARTIDA.

Música llanera venezolana: la voz que se levanta desde la sabana

Por: Luis Antonio Santillán Varela
21/12/2025
En la geografía abierta de los llanos venezolanos, donde la vida se mide por estaciones de
lluvia, faenas ganaderas y caminos interminables, surgió una música que aprendió a cantar
sin paredes: la música llanera. Este género, profundamente ligado al territorio, funciona
como una crónica sonora de la vida rural y como uno de los símbolos culturales más
reconocibles de Venezuela.
El joropo llanero ocupa un lugar central en esta tradición. Su energía rítmica y su carácter
festivo se sostienen en una formación instrumental inconfundible: arpa, cuatro y maracas.
Lejos de ser simples acompañantes, estos instrumentos dialogan entre sí y construyen un
tejido sonoro que imita el movimiento del llano, el trote del caballo y la intensidad del
trabajo cotidiano. Las letras, por su parte, narran historias de amor, desarraigo, valentía y
pertenencia.
Una de las expresiones más singulares de este repertorio es el contrapunteo, una forma de
canto improvisado en la que dos voces se enfrentan mediante versos ingeniosos. En estos
duelos musicales se pone a prueba no solo la habilidad vocal del intérprete, sino también su
rapidez mental y su dominio de la tradición oral. El público asiste así a un espectáculo
donde la palabra se convierte en protagonista.
Con el avance de los medios de comunicación durante el siglo XX, la música llanera dejó
de ser exclusiva del ámbito rural y comenzó a circular por radios, escenarios y grabaciones
discográficas. Intérpretes y compositores emblemáticos lograron que el sonido del llano
alcanzara audiencias urbanas e internacionales, transformando una expresión regional en un
referente nacional.
Hoy, la música llanera se encuentra en un proceso de renovación constante. Nuevos artistas
incorporan recursos contemporáneos sin desprenderse de las raíces que le dan sentido.
Festivales, encuentros culturales y espacios de formación mantienen viva una tradición que
se rehúsa a desaparecer y que continúa adaptándose a los cambios sociales.
La música llanera venezolana no es únicamente un género musical: es una forma de contar
el país desde su paisaje más extenso. En cada arpegio y en cada verso improvisado persiste
una manera de habitar el mundo, de nombrarlo y de mantenerlo vivo a través del sonido.

UN VALS QUE LLEGÓ PARA QUEDARSE: LA HISTORIA DETRÁS DE SOBRE LAS OLAS

Por: Luis Antonio Santillán Varela
7/12/2025
La música mexicana tiene un puñado de piezas que se vuelven parte del
imaginario colectivo, y una de ellas es Sobre las olas. Este vals, creado
en el México del siglo XIX, sigue vigente como si el tiempo lo hubiera
acariciado en lugar de desgastarlo. Sus notas suaves y luminosas
continúan apareciendo en películas, salones de baile, ferias, arreglos
orquestales y hasta en la memoria infantil de quienes crecieron
escuchándolo en caricaturas y circos.
Juventino Rosas, del esfuerzo diario a la inmortalidad musical
Detrás de la obra se encuentra Juventino Rosas, compositor y violinista
nacido cerca de Irapuato en 1868. Su vida estuvo ligada a la música
desde joven, participando en bandas y agrupaciones con las que viajó
dentro y fuera del país. A pesar de su corta existencia, marcada por
dificultades económicas y frecuentes desplazamientos, dejó una pieza
que trascendió cualquier frontera. Falleció en Cuba a los 26 años, mucho
antes de imaginar la extensión del eco que tendría su obra.
Un éxito que cruzó océanos
El vals se difundió rápidamente. Primero sedujo a públicos mexicanos y
luego se abrió camino hacia Europa y Estados Unidos. Su elegancia lo
hizo encajar con naturalidad entre repertorios asociados al estilo vienés,
lo que generó confusiones sobre su origen en más de una ocasión. Sin
embargo, Sobre las olas es genuinamente mexicano, un puente entre la
tradición europea del vals y el espíritu latino que lo vuelve cálido,
cercano y contagioso.
Presente continuo
Hoy, más de cien años después, resulta difícil encontrar a alguien que no
reconozca su melodía. Interpretado por marimbas en plazas, por violines
en recitales o por orquestas completas en grandes escenarios, el vals se
adapta y renace. Cada interpretación funciona como una nueva ola que
regresa al público con brillo renovado.
Sobre las olas no solo es música; es parte de la identidad cultural del
país. Un recordatorio de que las grandes obras no necesitan discursos
grandilocuentes para perdurar. Basta una melodía que se aferre a la
memoria colectiva y decida no soltarse jamás.

Carlos Guastavino y la Poesía Musical en la Prensa: La Noticia Detrás de «Se Equivocó la Paloma»

Por: Luis Antonio Santillán Varela
30 de noviembre del 2025

La obra del aclamado compositor argentino Carlos Guastavino continúa resonando en el ámbito cultural, capturando el interés de los medios de comunicación especializados.En una reciente revisión que subraya la perdurable influencia de su repertorio, se ha confirmado que se han realizado numerosas notas periodísticas sobre «seequivocó la paloma» de Carlos Guastavino.Esta noticia pone de manifiesto el valor y la profundidad artística que esta pieza —presumiblemente referida a la conocida obra La paloma se equivocó— sigue teniendo en el panorama musical y cultural de Latinoamérica.

A modo de metáfora para entender la importancia de estos eventos: El hecho de que se realicen notas periodísticas sobre Guastavino, es como si una lámpara antigua se encendiera de nuevo en una biblioteca: no solo ilumina la obra en sí misma, sino que llama la atención sobre todo el valioso catálogo que la rodea. El artículo periodístico actúa como el reflector que asegura que el arte no permanezca en la sombra.Existe un compás que nunca cesa, un eco melódico tejido por el tiempo que habita en las cuerdas del silencio. Es la música de Carlos Guastavino, tejedor de paisajes y custodio de la ternura, cuya obra no permite ser desterrada al olvido.Y desde su jardín de notas, emerge una figura alada: la paloma, mensajera de una dulce equivocación.
En estos días de prisa, donde el rumor efímero de lo cotidiano amenaza con ahogar la melodía, la prensa extiende un ala propia, no para cazar el sonido, sino para acogerlo.La tinta, ahora, se transforma en pentagrama y la página en atmósfera, pues ha sido revelado el gesto que honra al maestro: se realizan notas periodísticas sobre se equivocó la paloma de Carlos Guastavino.Esta no es una simple crónica, sino el vuelo renovado de un verso. La pluma del cronista se une al destino de la partitura para decir al mundo que el error de aquella paloma —su desvío lírico— es el acierto eterno de la canción. Es el periodismo, deteniendo el reloj para escuchar el susurro de la melodía que se hizo leyenda.Así, la nota periodística se convierte en un farol en la noche cultural, asegurando que el lamento o el deseo contenidos en el aire de Guastavino no se disipen. Es el papel resonando con la cadencia de la música, elevando la belleza lírica por encima del mundanal ruido. La paloma se equivocó, sí, pero su canción, gracias a la pluma que hoy la describe, encuentra para siempre su rumbo hacia el corazón del lector.
El interés de la prensa en abordar la obra de Guastavino, particularmente esta pieza lírica tan emblemática, refuerza la posición del compositor como una figura central en la música académica y popular. El hecho de que se esté elaborando este tipo de contenido garantiza que su legado siga siendo explorado y comprendido por nuevas generaciones.La difusión de este tipo de notas funciona como un eco, llevando las composiciones del maestro Guastavino desde las salas de concierto hasta las páginas impresas o digitales, consolidando su lugar no solo en la historia de la música, sino también en el discurso cultural contemporáneo.

Enrique Granados: un legado musical que sigue vibrando en el siglo XXI

Por: Luis Antonio Santillán Varela
16 de noviembre del 2025

Ciudad de México, 14 de noviembre de 2025. — Más de cien años después de su muerte,
Enrique Granados continúa ocupando un lugar central en la historia de la música española.
Reconocido como uno de los grandes exponentes del pianismo y la composición del
cambio de siglo, su obra mantiene una vigencia indiscutible en escenarios y grabaciones
alrededor del mundo.
Granados, nacido en Lérida en 1867, mostró desde su infancia un talento musical
excepcional. Tras establecerse en Barcelona, se formó con destacados maestros y muy
pronto adquirió reputación como pianista refinado, dueño de un estilo íntimo y lleno de
matices. Aunque sus interpretaciones eran celebradas por el público, fue en la creación
musical donde expresó con mayor intensidad su visión artística.
Entre su vasto catálogo, destaca la suite “Goyescas”, inspirada en los personajes y
ambientes retratados por Francisco de Goya. Presentada en 1911, esta obra para piano
fascinó por su sensibilidad expresiva y su virtuosismo. El éxito fue tan notable que
Granados desarrolló posteriormente una versión operística, estrenada en 1916 en Nueva
York con gran reconocimiento.
Ese año marcó también el final trágico de su vida. De regreso a Europa tras el triunfo de la
ópera, el barco en el que viajaba fue atacado por un submarino alemán durante la Primera
Guerra Mundial. Granados murió intentando salvar a su esposa, dejando inconclusa una
carrera que prometía nuevas contribuciones al panorama musical internacional.
Hoy, la figura de Enrique Granados permanece como símbolo del lirismo español y de una
sensibilidad artística que supo combinar tradición, romanticismo y modernidad. Sus
composiciones continúan formando parte del repertorio pianístico y operístico, reafirmando
la influencia perdurable de un creador cuya música sigue dialogando con el presente.

El Computador Virtuoso: ¿Ruptura Tecnológica o Eco Cósmico en la Música de Asuar?

Opinión de: Luis Antonio Santillán Varela
La música electroacústica, surgida en los estudios de grabación europeos de la postguerra
—impulsada por la experimentación de equipos como el de Karlheinz Stockhausen en
Colonia—, no fue un mero ejercicio técnico. Su nacimiento estuvo anclado a un contexto
brutal: la devastación de la Segunda Guerra Mundial y el trauma del Holocausto. El
desequilibrio existencial generado por la "industria de la muerte" nazi se expresaría a través
de los sonidos maquinales. Frente a esta génesis, la obra del compositor chileno José
Vicente Asuar (1933-2017) se erige como una bisagra entre la tradición y la conquista
sonora. Asuar mismo argumentó en 1963 que la música electrónica no representa una
ruptura, sino una prolongación de nuestra tradición, perpetuando la inquietud por nuevas
conquistas sonoras. Sin embargo, la manera en que logró esta prolongación fue
radicalmente nueva.
La Fría Poesía de la Máquina
Asuar, mediante su sintetizador COMDASUAR, llevó la composición a la esfera de la
matemática pura. Utilizando programas para crear música, manipulaba juegos y
probabilidades sin que él pudiera conocer de antemano el resultado sonoro. Su proceso se
basó en una aleatoriedad electrónica que le permitía "descubrir" música a partir de
propuestas caóticas y sin sentido aparente, generadas por la frialdad de la máquina. La
computadora se convertía en la fuente de inspiración, desplazando a la voz y a la
naturaleza. Esta aproximación tuvo consecuencias profundas para el rol del músico. Asuar,
convencido de que la tecnología transformaría drásticamente la actividad musical, planteó
el desplazamiento del intérprete humano, que sería sustituido por los altoparlantes como
fuente sonora sobre el escenario. El álbum El computador virtuoso (1973) ejemplifica este
desafío. Al tratarse de interpretaciones computacionales de obras doctas de Bach, Chopin o
Debussy, la máquina demostró la capacidad de alcanzar una precisión electrónica
perfecta, ejecutando piezas a una velocidad inconcebible para las manos y el cerebro
humanos. Pero aquí se halla la paradoja crucial: al aplicar la lectura computacional a
partituras románticas o impresionistas, se produce una degeneración o despersonalización
de los autores. La interpretación mecánica elimina la sensibilidad y emocionalidad
humanas. Escuchamos una música continua, carente de rubatos, dinamismos espontáneos,
pausas o recogimiento; una música que nunca descansa.
El Reencuentro con el Cosmos
Lo verdaderamente notable de la exploración de Asuar es que, al llevar la técnica
electrónica a su máximo nivel, se acerca a un ideal musical olvidado: el concepto pitagórico
de la música de las esferas. El poder manipular el sonido, los timbres y el ritmo a través de
la computadora acerca la música electrónica a la búsqueda de una representación más
verdadera del entorno natural y una aprehensión del cosmos. Asuar y otros teóricos
identifican en la música electrónica la posibilidad de evocar la naturaleza no tanto por sus
sonidos, sino a través de su comportamiento impredecible y caótico. Esto es lo que
Boecio llamó musica mundana: la armonía de los planetas, los ciclos duales del tiempo y la

fundamentación del cosmos. Se requiere de complejas y precisas máquinas tecnológicas
para lograr lo que no puede alcanzarse por el camino tradicional de la música instrumental
y vocal. Hay un desplazamiento radical: la creación musical pasa de las estructuras
formales y la armonía ligada a los acordes, a la organización de sonidos y efectos
electrónicos aislados en un espacio de continuo movimiento sonoro. Asuar vislumbró que
quizás la música electrónica sea la etapa que conduzca al florecimiento de ese antiguo ideal
musical perseguido por los fundadores de nuestra tradición occidental. La obra de José
Vicente Asuar nos obliga a preguntarnos si esta música —fruto de la tecnología más
avanzada— es la más pura expresión de los movimientos descritos en la música de las
esferas. Es la demostración de que la conquista de lo artificial, de lo maquinal, puede ser
paradójicamente el camino más fiel para capturar la conmoción que nos provoca la
naturaleza y el universo. La música electrónica, entonces, no es solo un conjunto de sonidos
artificiales y aislados, sino un continuum sonoro que intenta reflejar la estructura incesante
y precisa del universo. Si la música instrumental era un espejo de la emoción humana, la
música electrónica de Asuar aspira a ser un eco de la mecánica cósmica.

Isaac Albéniz: Cien Años de Música y la Vigencia de un ‘Modernista Universal’

Isaac Albéniz: Cien Años de Música y la Vigencia de un ‘Modernista Universal’
Por: Luis Antonio Santillán Varela
26/10/2025
Hoy hacemos una reseña del tratamiento sobre la figura de Isaac Albéniz dentro del
artículo “Isaac Albéniz, cien años de música”, escrito por la musicóloga Isabela de
Aranzadi en el año 2009. En ese año, Barcelona conmemoraba el legado del virtuoso
que fundió el alma folklórica española con la ortodoxia europea.
El compositor, nacido en Camprodón, Girona, el 29 de mayo de 1860, falleció antes
de cumplir los 49 años en Cambo-les-Bains, Francia, el 18 de mayo de 1909, siendo
enterrado en Barcelona en un multitudinario y emotivo acto el 6 de junio. A pesar de
una vida que algunos califican de caótica o de torbellino nómada por los muchos
lugares en los que vivió y dejó obra escrita, Albéniz logró su ideal de crear una
«música nacional de acento universal». Su obra perdura como testimonio de la
expresión de lo ibérico, elevado a un lenguaje depurado.
Virtuosismo y Reconocimiento Internacional
El virtuosismo de Albéniz en el piano fue conocido internacionalmente. Su habilidad
fue tal que la casa Erard, la reconocida fábrica francesa de pianos, lo escogió para
mostrar la calidad de sus últimos modelos en la Exposición Universal de Barcelona en
1888. Albéniz fue un músico que partió de una fuente romántica con gran riqueza
armónica y se proyectó hacia el resto del mundo, siendo admirado por músicos
franceses de la talla de Vincent d’Indy, Paul Dukas y Gabriel Fauré. Esta admiración
se debía a su lograda síntesis entre la música popular con raíces hispanas y la
ortodoxia europea. Esta simbiosis de Norte y Sur sirvió de modelo a músicos
españoles posteriores como Joaquín Turina y Manuel de Falla.
La Suite Iberia, Obra Maestra del Nacionalismo
Aunque su estilo más característico comenzó a perfilarse con la Suite española de
1886, su obra maestra indiscutible es la Suite Iberia. En ella, Albéniz mostró una
técnica depuradísima y un dominio de recursos avanzados para la época, como el
bimodalismo (especialmente en «El Albaicín») y los ritmos superpuestos. El giro
hacia la inspiración nacionalista ocurrió tras conocer al compositor Felip Pedrell en
1882, quien dirigió su atención hacia la música popular española. Si bien Pedrell es
considerado el impulsor del nacionalismo español, Isaac Albéniz fue el primero en
llevar a la práctica la difusión y valoración de esta música fuera de las fronteras de
España. El alcance de su producción no se limitó al piano (estudios, suites, rapsodias),
ya que también destacó como dramaturgo (Pepita Jiménez, Henry Clifford) y
compositor de música orquestal (La Alhambra, Cataluña) y de música de cámara.
Conmemoración: La Exposición «Albéniz un Modernista Universal»
Como parte de la conmemoración del centenario, el Museu de la Música de Barcelona
exhibía en ese año 2009 la exposición «Albéniz un modernista universal». El Museu
de la Música de Barcelona conserva el mayor fondo histórico del compositor. La
exposición, que itineraria por Cataluña, Madrid (en el Auditorio Nacional) y otras
ciudades de España, contó con numerosos documentos, objetos personales y su piano,
un Rönisch de cola negro que lleva la firma del propio músico. Este valioso material
fue donado al Museo de la Música por su nieta, Rosina Moya Albéniz, en 1976, con el
expreso deseo de que la obra de Albéniz fuera custodiada por una institución que la
conservara

El Bandoneón: Entre la Gloria del Tango y la Amenaza de Desaparición

Por: Luis Antonio Santillán Varela
11/10/2025
Un estudio musicológico de 1981 aborda la historia y la anatomía del
instrumento fundamental del tango, alertando sobre su precaria
situación futura.
BUENOS AIRES.— El bandoneón, un aerófono portátil esencial para el
tango, ha sido objeto de un estudio musicológico detallado realizado por
Ricardo D. Salton y publicado en 1981 en la Revista del Instituto de
Investigación Musicológica “Carlos Vega”. Este trabajo buscó abordar el
instrumento con un criterio científico, a diferencia de muchos estudios previos
que carecían de conocimiento técnico profundo, recurriendo directamente a
instrumentistas y afinadores debido a la escasez y deficiencia de la
bibliografía existente.
El estudio de Salton se divide en tres partes: una descripción detallada
(organología), la evolución histórica y algunas conclusiones.
La Anatomía de un Enigma Musical
Organológicamente, el bandoneón es un instrumento aerófono portátil
compuesto por dos cajas armónicas unidas por un fuelle, el cual pone en
vibración juegos de lengüetas libres ubicadas en el interior de las cajas. El
instrumento consta de un dispositivo que permite abrir o cerrar el fuelle sin
producir sonido, accionando una zapatilla de válvula que destapa la toma de
aire.
El autor clasifica los bandoneones en dos tipos principales:
1. Tipo A (Sistema Kusserow): Posee una sola lengüeta por zapatilla, lo
que significa que el mismo sonido se produce tanto al abrir como al
cerrar el fuelle. Su teclado está ordenado cromáticamente (aunque
erróneamente se los llame "cromáticos") y suele tener 114 teclas.
2. Tipo B: Estos bandoneones poseen dos lengüetas por zapatilla,
resultando en dos sonidos por tecla, uno al cerrar el fuelle y otro al
abrirlo. Este grupo incluye el subtipo con teclado "totalmente
desordenado", conocido como "acromático" o "diatónico".
El bandoneón diatónico usado en la Argentina, un subtipo B, es el que ha
alcanzado la mayor difusión y una mejor calidad de sonido, convirtiéndose en
un instrumento fundamental del tango. Sus características más distintivas son
sus teclados, que son "un verdadero enigma" ya que su ordenamiento "no
responde a ninguna lógica, ni musical ni matemática" (un hecho comprobado
incluso con la ayuda de computadoras). El modelo estándar argentino tiene
71 teclas (38 derechas y 33 izquierdas).

En cuanto a su ejecución, aunque en sus orígenes germánicos se tocaba
colgado del cuello, el aumento de peso obligó a los músicos a apoyarlo sobre
las piernas estando sentados. No obstante, algunos bandoneonistas
populares adoptaron la postura de tocar de pie, apoyando el instrumento
sobre una pierna semiflexionada.
Raíces Antiguas y Apogeo Argentino
El antecedente histórico más remoto del bandoneón es el órgano de boca
chino, el sheng, mencionado ya hacia el 1100 a.C.. La lengüeta libre que
caracteriza al bandoneón comenzó a diseminarse rápidamente por Europa a
fines del siglo XVIII.
El bandoneón fue inventado por el músico Heinrich Band en Krefeld,
Alemania, en 1844, basándose en la concertina alemana. En Alemania, el
bandoneón se mantuvo en la música folklórica. Sin embargo, pasó a la
Argentina hacia 1860/65 (posiblemente traído por el marinero irlandés Tomas
Mur) y allí adquirió impulso al ser incorporado a los grupos musicales que
animaban los salones, adoptándolo posteriormente el tango como un
instrumento imprescindible.
En la primera mitad del siglo XX, las fábricas de bandoneones más
importantes fueron las de Alfred Arnold (bandoneones AA) y Ernst Ludwig
Arnold (ELA) en Alemania. No obstante, la producción disminuyó
notablemente después de la Segunda Guerra Mundial, y la firma Alfred
Arnold, tras mudarse a Alemania Federal, fue liquidada en 1971, aunque en
1976 Georg Bauer compró la firma y comenzó una nueva producción.
La Doble Vida: Popular y Académica
Mientras el bandoneón mantuvo su lugar indiscutido en las orquestas de
tango, el músico argentino Alejandro Barletta abrió una nueva vía para el
instrumento alrededor de 1945 al incorporarlo al ámbito de la música
académica. Barletta y otros compositores como René Marino Rivera
(discípulo de Barletta) y Karl Oriwohl escribieron numerosas obras
específicas para bandoneón, y existe una lista considerable de música
superior escrita originalmente para este instrumento.
En el ámbito de la enseñanza, si bien en la Argentina la mayoría de los
músicos interesados prefieren aprender con profesores particulares
provenientes del ámbito popular, el Conservatorio Municipal de Buenos Aires
dicta cursos regulares de bandoneón desde aproximadamente 1950.

Música mexicana: un eco vivo de tradición y creatividad

La música mexicana se ha convertido en una de las expresiones culturales más reconocidas a nivel mundial, no solo por su diversidad de géneros, sino también por su capacidad de narrar la historia y el espíritu del país. A lo largo de los siglos, este arte ha acompañado los procesos sociales y culturales de México, transformándose y reinventándose sin perder sus raíces.

Desde tiempos prehispánicos, los pueblos originarios utilizaban instrumentos de viento, percusión y cantos rituales para expresar su cosmovisión. Con la llegada de los colonizadores europeos, estos sonidos se mezclaron con melodías y armonías occidentales, dando origen a una tradición musical rica en matices. El mariachi, ejemplo icónico de esta fusión cultural, es hoy un emblema reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, símbolo de orgullo y mexicanidad.

Cada región del país ha aportado su propio sello sonoro: los jarabes y sones del occidente, los huapangos del noreste, las marimbas del sureste y los corridos que narran historias populares. Estas manifestaciones, lejos de desaparecer, se mantienen vivas en fiestas patronales, ferias y escenarios internacionales, mostrando la fuerza de las raíces musicales mexicanas.

Pero la música mexicana no se ha quedado anclada en el pasado. En la actualidad, géneros como el pop, el rock, el rap y las fusiones urbanas conviven con el regional mexicano, creando un panorama musical tan diverso como el país mismo. Esta evolución constante demuestra que la música mexicana es una tradición dinámica, que conecta generaciones y traspasa fronteras.

Más que entretenimiento, este arte sonoro es un testimonio de identidad y memoria colectiva. Su historia, marcada por el mestizaje y la innovación, la convierte en una de las expresiones culturales más sólidas del mundo, una voz que sigue resonando y conquistando escenarios globales.

Steinway & Sons: Un siglo y medio construyendo leyendas musicales

Por: [Luis Antonio Santillán Varela]

31/08/2025
Por más de 170 años, Steinway & Sons ha marcado el estándar de excelencia en la fabricación de pianos. Fundada en 1853 por Heinrich Engelhard Steinweg, inmigrante alemán que se estableció en Nueva York, la firma nació del sueño de construir “el mejor piano posible”. Lo que empezó en un pequeño taller de Manhattan se transformó en una marca que domina salas de conciertos y conservatorios alrededor del mundo.

Tradición artesanal y precisión milimétrica
Cada piano Steinway es el resultado de un proceso artesanal que puede extenderse hasta un año. La empresa presume más de 12,000 piezas ensambladas a mano y una lista de más de 130 patentes que sentaron las bases del piano moderno. Esta obsesión por la perfección ha convertido a Steinway en un sinónimo de durabilidad, proyección sonora y sensibilidad artística.

Los talleres de Hamburgo (Alemania) y Nueva York siguen operando bajo estándares tradicionales. Gran parte de su equipo está conformado por artesanos que han heredado el oficio por generaciones, convirtiendo la fabricación de cada piano en una obra de ingeniería y arte.

Influencia cultural y vínculo con la élite musical
Desde finales del siglo XIX, Steinway supo fusionar el arte con la mercadotecnia. La inauguración de Steinway Hall en 1866 lo convirtió en un símbolo cultural y un punto de encuentro para músicos y público. En el siglo XX, sus instrumentos fueron la primera elección de artistas como Sergei Rachmaninoff, Arthur Rubinstein y Vladimir Horowitz, todos ellos fieles a la marca sin recibir patrocinios, un hecho poco común en la industria musical.

Incluso en contextos históricos adversos, Steinway ha mantenido su relevancia. Durante la Segunda Guerra Mundial, la empresa produjo los célebres “Victory Verticals”, pianos portátiles que fueron enviados a las tropas estadounidenses para mantener la moral en combate.

Innovación: un piano que se toca solo
Aunque sus raíces están profundamente ancladas en la tradición, Steinway no se ha quedado en el pasado. El modelo Spirio | r, es ejemplo de ello: un piano de concierto capaz de grabar y reproducir interpretaciones con precisión casi idéntica al original. Esta tecnología, que combina mecánica tradicional y software de alta resolución, ha llevado a la compañía a un nuevo público, conectando el mundo del piano clásico con la era digital.

Otro ejemplo de su exclusividad es el Sound of Harmony, un piano único que tardó cuatro años en construirse e incorpora más de 40 tipos de madera, pieza que se ha convertido en objeto de colección.

Retos en la era contemporánea
No todo es armonía para la legendaria compañía. El acceso limitado al abeto de Sitka, madera esencial para la resonancia de sus pianos, amenaza con encarecer la producción. Además, expertos como Ulrich Gerhartz, uno de sus afinadores más reconocidos, han alertado sobre la falta de relevo generacional en los oficios artesanales, un problema que podría comprometer la calidad que distingue a la marca.

Una marca que es sinónimo de excelencia
Steinway & Sons no solo fabrica pianos: produce piezas de arte que resumen siglos de innovación y tradición. Con más de 170 años de historia, sigue siendo el estándar para pianistas de renombre, instituciones académicas y coleccionistas. Su legado es, en esencia, un puente entre pasado y futuro: una empresa que sigue afinando el arte del sonido en una época donde lo digital lo domina todo.

Los desafíos de titanes que forjaron el Palacio de Bellas Artes

Por: Luis Antonio Santillán Varela

El Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México es un ícono cultural y arquitectónico, pero su majestuosidad oculta una historia de luchas épicas contra la naturaleza y la inestabilidad política. Su construcción, que se prolongó por más de tres décadas, fue una odisea marcada por un terreno caprichoso y una revolución que paralizó al país.

El suelo traicionero y el peso de la ambición
El ambicioso proyecto comenzó en 1904, bajo el gobierno de Porfirio Díaz, quien encargó al arquitecto italiano Adamo Boari la creación de una obra monumental para conmemorar el centenario de la Independencia de México. El diseño, una mezcla de art nouveau y art déco, era tan grandioso como el reto que representaba su ubicación: un terreno pantanoso, vestigio del antiguo lago de Texcoco.
Desde el inicio, el peso de la estructura, con su pesada cúpula de acero y toneladas de mármol, comenzó a causar un hundimiento considerable y desigual. El palacio se iba sumergiendo lentamente en el subsuelo, un problema que los ingenieros de la época intentaron mitigar sin éxito. Hoy en día, el edificio se encuentra varios metros por debajo del nivel de la calle, una cicatriz visible de esta batalla contra la geología.

La Revolución y el silencio de las obras
Cuando los trabajos avanzaban, el estallido de la Revolución Mexicana en 1910 detuvo abruptamente la construcción. El caos político y la falta de fondos hicieron que el proyecto fuera abandonado por más de veinte años. Adamo Boari regresó a Italia, y lo que se suponía que sería una joya arquitectónica se convirtió en un esqueleto de concreto expuesto a la intemperie.

La obra solo se reanudó en 1932, bajo la dirección del arquitecto mexicano Federico Mariscal. Su tarea no era solo completar el palacio, sino también solucionar los problemas estructurales dejados por el hundimiento y el deterioro. Mariscal integró elementos del art déco, utilizó materiales más ligeros para mitigar el peso y, finalmente, logró culminar el proyecto que parecía maldito.

El 29 de septiembre de 1934, el Palacio de Bellas Artes abrió sus puertas. Aunque tardó más de 30 años en completarse, el edificio se erigió como un testamento a la perseverancia y la capacidad de resiliencia del pueblo mexicano, un faro de cultura que se negó a ser vencido por el destino.

EL TEATRO COLÓN: PATRIMONIO VIVO DE BUENOS AIRES

POR: LUIS ANTONIO SANTILLÁN VARELA
17/08/2025
BUENOS AIRES. – EN EL CORAZÓN DE LA CAPITAL ARGENTINA SE LEVANTA UNO DE LOS ESCENARIOS MÁS EMBLEMÁTICOS DEL MUNDO: EL TEATRO COLÓN. DESDE SU APERTURA EL 25 DE MAYO DE 1908, ESTE RECINTO HA MARCADO LA VIDA CULTURAL DE LA CIUDAD Y HA PROYECTADO A ARGENTINA HACIA LA ESCENA ARTÍSTICA INTERNACIONAL.

RECONOCIDO POR SU CALIDAD ACÚSTICA Y LA RIQUEZA DE SU ARQUITECTURA, EL COLÓN FUE OBRA DE LOS ARQUITECTOS FRANCESCO TAMBURINI, VÍCTOR MEANO Y JULES DORMAL, QUIENES INTEGRARON ESTILOS EUROPEOS EN UNA CONSTRUCCIÓN QUE HOY ES CONSIDERADA JOYA PATRIMONIAL. SU SALA PRINCIPAL, CON CAPACIDAD CERCANA A 2,500 ESPECTADORES, FIGURA ENTRE LAS MEJORES DEL MUNDO PARA LA ÓPERA Y LA MÚSICA SINFÓNICA.

A LO LARGO DE MÁS DE UN SIGLO, EL ESCENARIO DEL COLÓN HA RECIBIDO A VOCES Y ARTISTAS QUE DEJARON HUELLA EN LA HISTORIA DE LAS ARTES: 

DESDE ENRICO CARUSO Y MARÍA CALLAS HASTA LUCIANO PAVAROTTI, PLÁCIDO DOMINGO, RUDOLF NUREYEV Y MIJAÍL BARÝSHNIKOV. SU CARTELERA HA REUNIDO LO MÁS SELECTO DE LA ÓPERA, EL BALLET Y LOS CONCIERTOS, CONSOLIDANDO SU PRESTIGIO INTERNACIONAL. 

EL TEATRO TAMBIÉN CUMPLE UN PAPEL FUNDAMENTAL EN LA FORMACIÓN DE NUEVOS TALENTOS. A TRAVÉS DEL INSTITUTO SUPERIOR DE ARTE, JÓVENES CANTANTES, MÚSICOS Y BAILARINES ENCUENTRAN UN ESPACIO DE ENSEÑANZA QUE LES ABRE CAMINO EN LOS ESCENARIOS MÁS EXIGENTES.

TRAS UNA RESTAURACIÓN INTEGRAL CONCLUIDA EN 2010, EL COLÓN RECUPERÓ SU ESPLENDOR ORIGINAL SIN DEJAR DE ADAPTARSE A LAS DEMANDAS TECNOLÓGICAS DEL PRESENTE. EN LA ACTUALIDAD, COMBINA CLÁSICOS DEL REPERTORIO UNIVERSAL CON PRODUCCIONES ARGENTINAS, MANTENIENDO ASÍ UN DIÁLOGO CONSTANTE ENTRE TRADICIÓN E INNOVACIÓN.

MÁS QUE UN EDIFICIO, EL TEATRO COLÓN ES UN SÍMBOLO DE IDENTIDAD PORTEÑA Y UN PUNTO DE ENCUENTRO DONDE LA CULTURA UNE GENERACIONES Y PÚBLICOS DE TODO EL MUNDO. SU PERMANENCIA DEMUESTRA QUE LA MÚSICA Y LAS ARTES ESCÉNICAS SIGUEN SIENDO PILARES DE LA VIDA CULTURAL ARGENTINA.

Clarinete: el encanto eterno de un instrumento versátil


Por: Luis Antonio Santillán Varela

Fecha: 3 de agosto del 2025.

Ya sea en una orquesta sinfónica, una banda escolar, un grupo de jazz o una fiesta popular, el clarinete ha sabido ganarse un lugar en múltiples escenarios. ¿Cuál es el secreto detrás de su constante presencia en la música?

El clarinete es un instrumento de viento madera que se ha distinguido por su sonido cálido, su expresividad y su capacidad de adaptación a distintos estilos musicales. Desde su consolidación en el siglo XVIII, gracias al trabajo del luthier alemán Johann Christoph Denner, ha evolucionado no solo en su construcción, sino también en su protagonismo dentro del repertorio musical global.

Una de sus principales virtudes es su gran flexibilidad sonora. Puede ejecutar pasajes suaves y sutiles, así como proyectar sonidos potentes con facilidad. Esta característica le permite destacar tanto en roles solistas como en acompañamientos dentro de conjuntos instrumentales. Compositores como Mozart y Brahms lo integraron a sus obras por su capacidad para transmitir emociones de forma directa y conmovedora.

Además, el clarinete ha sido un instrumento muy valorado en el ámbito educativo. Por su peso ligero, su relativa facilidad técnica en los primeros niveles y su costo accesible, muchos estudiantes lo eligen como su primer instrumento de viento. 

A esto se suma la posibilidad de pasar a otros instrumentos de la misma familia, como el clarinete bajo o el saxofón, facilitando la transición musical.
En el terreno de la música popular y el jazz, el clarinete tuvo un papel fundamental durante la primera mitad del siglo XX. Grandes intérpretes como Benny Goodman lo llevaron a escenarios de fama mundial, consolidando su imagen como símbolo del swing y de la era dorada del jazz. Gracias a su agilidad y expresividad, el clarinete se convirtió en un instrumento ideal para la improvisación.

Otro factor que ha fortalecido su presencia es su participación en géneros tradicionales y regionales. En estilos como el klezmer, la música balcánica o la banda sinaloense; el clarinete aporta un timbre característico que conecta directamente con la identidad cultural de diversas comunidades.
Por si fuera poco, el clarinete sigue siendo relevante en el mundo contemporáneo. Compositores modernos lo exploran en nuevas texturas y técnicas extendidas, y muchos intérpretes jóvenes lo incluyen en proyectos experimentales, electrónicos o interdisciplinarios. También es común escuchar su sonido en bandas sonoras de películas y series, reforzando su conexión con el gran público.

Este instrumento se distingue, además, por su diversidad morfológica: existen clarinetes en diferentes registros, desde el pequeño clarinete en mi bemol hasta el imponente clarinete contrabajo. Esta variedad le permite adaptarse a distintas agrupaciones y explorar múltiples posibilidades tímbricas.

El clarinetista sueco Martin Fröst, reconocido por su virtuosismo y originalidad, ha descrito al clarinete como “una voz que puede hablar, cantar o gritar”. Esa voz ha atravesado siglos, géneros y continentes, manteniéndose vigente gracias a su capacidad de transformación, su belleza sonora y su fuerte vínculo con la emoción humana.

En definitiva, el clarinete no es solo popular: es imprescindible en la historia y evolución de la música. Su permanencia se explica no por la moda, sino por la fuerza expresiva y versatilidad que lo hacen único entre los instrumentos de viento.

La Balada No. 1 de Chopin: Un relámpago de emoción en el piano

Por: Luis Antonio Santillán Varela

Considerada una de las joyas más emblemáticas del repertorio pianístico, la Balada No. 1 en Sol menor, Op. 23 de Frédéric Chopin continúa siendo una de las piezas más aclamadas y desafiantes de la música clásica. Compuesta entre 1831 y 1835, esta obra es un despliegue de virtuosismo, un testimonio de la pasión romántica y una muestra del estilo único del compositor polaco.

La balada como una narración sin palabras
Desde la primera nota de la balada, los oyentes son transportados a un mundo de emociones intensas. Aunque Chopin nunca proporcionó un programa o historia detrás de la pieza, muchos la interpretan como una narrativa musical, que cambia constantemente entre momentos de calma y explosiones dramáticas. Los pasajes de piano suaves y melódicos alternan con momentos de gran turbulencia emocional, creando una sensación de lucha interna o un conflicto no resuelto.

Estructura innovadora y complejidad técnica
A diferencia de las sonatas o los nocturnos, la Balada No. 1 es un ejemplo de forma libre, sin una estructura fija. Chopin, al bautizarla como “balada”, rompió con las convenciones de su época, otorgando al término una nueva dimensión. 

La pieza se divide en cuatro secciones que se desarrollan de manera fluida, como si de un relato se tratara. Cada sección alterna entre temas contrastantes, uno más lírico y suave, y otro que irrumpe con energía desbordante. 

Este intercambio entre la tranquilidad y el desgarro emocional refleja, a través de la técnica pianística, los altibajos de una vida llena de conflictos internos. La sección final, con su frenética coda, exige del intérprete un virtuosismo técnico impresionante, tanto en velocidad como en precisión.

Raíces literarias y contexto histórico
Es posible que Chopin se haya inspirado en las baladas poéticas del escritor polaco Adam Mickiewicz, particularmente en sus relatos épicos como Konrad Wallenrod. 

En estos poemas, la tragedia y el heroísmo se entrelazan, algo que también se puede sentir en la música de Chopin. La obra fue compuesta en París, durante su exilio de Polonia tras la ocupación rusa, lo que añade una capa de nostalgia y dolor a la pieza, como si el compositor estuviera luchando por reconciliar su identidad y su patria. 

La balada, en cierto modo, podría interpretarse como una reflexión personal sobre el desarraigo y el sentimiento de pérdida, elementos que definieron la vida del compositor en sus años parisinos.

Entre lo técnico y lo expresivo
La Balada No. 1 no es solo una de las obras más emocionales de Chopin, sino también una de las más complejas para el pianista. 

Exige una técnica depurada y una capacidad interpretativa que va más allá de la destreza técnica. Los cambios abruptos de dinámica, las dificultades rítmicas y la necesidad de control emocional hacen de esta pieza un reto monumental para cualquier pianista. 

Desde los más grandes exponentes como Artur Rubinstein y Maurizio Pollini, hasta los jóvenes prodigios contemporáneos, todos han abordado esta obra con una visión única, demostrando su infinita riqueza interpretativa.

El impacto cultural de la balada

Más allá de los escenarios clásicos, la Balada No. 1 ha logrado penetrar en la cultura popular. Su interpretación en la película The Pianist (2002), de Roman Polanski, es un momento icónico en el que la música se convierte en un símbolo de resistencia ante la adversidad, representando no solo la supervivencia sino también la belleza y el sufrimiento. Este uso en un contexto cinematográfico demuestra la universalidad emocional de la obra.

Sonidos de Hidalgo: una tradición musical que evoluciona sin perder sus raíces


Por: Luis Antonio Santillán Varela

Pachuca, Hgo. — En el centro del país, el estado de Hidalgo resguarda una riqueza musical que refleja la diversidad cultural de sus regiones. Heredera de raíces indígenas, mestizas y mineras, la música hidalguense se manifiesta como una expresión auténtica de la identidad y el sentir de sus comunidades, adaptándose a los nuevos tiempos sin perder su esencia.

Uno de los géneros más representativos del estado es el huapango huasteco, característico de la zona norte de Hidalgo, donde pueblos como Huejutla y Atlapexco lo celebran como parte de su vida cotidiana. Este estilo, interpretado tradicionalmente por tríos con violín, jarana y guitarra huapanguera, combina el canto, la improvisación poética y el zapateado, en una manifestación que trasciende lo musical para convertirse en rito social.

“El huapango es más que música, es una forma de comunicación”, comenta Pedro Canales, músico tradicional de la región huasteca.

 Desde hace décadas, Canales ha dedicado su vida a enseñar este género a niños y jóvenes, asegurando su transmisión generacional.

Pero la música en Hidalgo no se limita a las tradiciones rurales. En ciudades como Pachuca o Mineral del Monte, se pueden encontrar ecos de la herencia británica dejada por los antiguos mineros. La presencia inglesa en el siglo XIX trajo consigo bandas de viento que, con el paso del tiempo, se transformaron en agrupaciones populares que aún hoy amenizan ferias, procesiones y festividades patronales.

Además del ámbito tradicional, la escena musical contemporánea hidalguense está en constante movimiento. Diversos colectivos culturales han comenzado a experimentar con fusiones que integran elementos autóctonos con géneros actuales como el rap, la música electrónica y el rock alternativo. Agrupaciones como Son de Barro o Tribal del Mezquital han desarrollado propuestas que mezclan lo ancestral con lo urbano, abordando temáticas sociales actuales desde una óptica musical.

Por otro lado, figuras históricas originarias de la región han dado notoriedad a Hidalgo en el panorama musical nacional e internacional. Tenemos el caso de Aniceto Ortega del Villar, gran músico tulancinguense fundador del Conservatorio Nacional de Música; Abundio Martínez, notable compositor nacido en Huichapan y muchos otros ejemplos en diversos géneros musicales asociados con la vida cultural de Hidalgo.

El impulso institucional también ha sido clave, destacando la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, quién forma músicos profesionales. Existen también otras instituciones que promueven año con año festivales, concursos y talleres para fortalecer las tradiciones musicales locales. Entre estos eventos destaca el Festival del Huapango Hidalguense, celebrado en la Huasteca, donde se dan cita tríos, versadores y bailadores de distintas comunidades.

Así, los sonidos de Hidalgo —desde los huapangos y las bandas hasta música académica— siguen evolucionando, entrelazando lo ancestral con lo contemporáneo. En cada acorde, el estado reafirma su identidad y abre nuevos caminos para que su legado musical perdure, se transforme y siga emocionando a futuras generaciones.

El organillo en México: ecos del pasado que aún suenan en las calles

Por: Luis Antonio Santillán Varela
En pleno siglo XXI, entre los sonidos del tráfico, las conversaciones apresuradas y el bullicio urbano, aún puede escucharse el inconfundible tono del organillo en algunas calles del centro de la ciudad de Pachuca. Este instrumento mecánico, que se activa girando una manivela, forma parte de una tradición popular que ha resistido el paso del tiempo y se niega a desaparecer, a pesar de los desafíos modernos. 

De Europa a México: una historia que viaja con música El organillo tiene su origen en Europa, especialmente en Alemania, donde fue fabricado a finales del siglo XIX. Su llegada a México se dio durante el Porfiriato, una época en la que las influencias europeas estaban muy presentes en la vida cultural del país. A diferencia de los instrumentos convencionales, el organillo no se ejecuta mediante teclas, sino a través de un mecanismo de cilindros que al girar emiten melodías ya grabadas.

Su presencia se volvió común en plazas, ferias y calles, convirtiéndose en una forma de entretenimiento accesible para todos, mucho antes de que la radio llegara a los hogares mexicanos. 

El organillo, con sus notas repetitivas y melancólicas, se instaló en la memoria colectiva como parte del paisaje sonoro nacional.

Los organilleros: herederos de una labor tradicional. 

Quienes hacen sonar estos instrumentos son conocidos como organilleros. Suelen vestir uniformes color caqui, inspirados en la vestimenta militar del siglo XIX, lo que les da una imagen distintiva y reconocible. Muchos de ellos pertenecen a familias que han pasado esta labor de generación en generación, manteniendo vivo un oficio que combina música, resistencia y memoria.

Cada día, los organilleros recorren barrios y plazas, cargando el instrumento sobre sus espaldas o en carritos. Dependen de las monedas que la gente les ofrece, pero sobre todo del aprecio de quienes reconocen el valor simbólico y cultural de su música.

Melodías que resisten al olvido Aunque su repertorio es limitado, las canciones que emanan del organillo evocan momentos entrañables. Piezas como Las mañanitas, Cielito lindo o Sobre las olas suelen repetirse en distintas versiones. Estas melodías, grabadas en los cilindros mecánicos, se han mantenido intactas por décadas, funcionando como cápsulas del tiempo que conectan generaciones.

Algunos organilleros han intentado incorporar nuevas canciones al repertorio, pero la mayoría prefiere conservar las tradicionales, pues son las que el público reconoce y valora más.

Tradición en riesgo, pero no extinta El número de organilleros activos ha disminuido considerablemente. Muchos de los instrumentos están envejecidos y requieren reparaciones costosas, mientras que los repuestos son escasos y difíciles de importar. Además, la modernidad ha desplazado muchas formas de expresión callejera tradicional, haciendo más difícil la supervivencia de este oficio.

A pesar de estas dificultades, hay esfuerzos por conservar esta tradición. 

Algunas instituciones culturales, como el INAH, han impulsado campañas para sensibilizar a la población sobre la importancia del organillo como patrimonio intangible. 

Asimismo, algunos talleres artesanales tanto en México como en Alemania aún se dedican a reparar o fabricar partes para mantenerlos en funcionamiento.

Más que música: un símbolo de identidad El organillo no es solo una caja musical, sino un símbolo de identidad popular. 

Representa la permanencia de una forma de arte que no necesita pantallas ni tecnología digital para conmover. Es una muestra viva de cómo las tradiciones orales y sonoras siguen ocupando un lugar en la vida urbana.

Mientras haya personas dispuestas a girar la manivela y otras dispuestas a escuchar, el organillo seguirá sonando en México. Con cada melodía, se revive una parte del pasado y se reafirma el valor de lo que no debe olvidarse.

El Sonido 13: La audaz propuesta sonora que rompió con la música tradicional

29 de junio de 2025
Por: Luis Antonio Santillán Varela
En la historia de la música contemporánea mexicana, hay un concepto que se alza como uno de los más arriesgados y vanguardistas: el Sonido 13. Esta idea, desarrollada por el compositor Julián Carrillo, rompió con los esquemas tradicionales de la música occidental al proponer una expansión radical del sistema tonal conocido. Más que un descubrimiento, fue una revolución que buscó transformar la manera en que entendemos y percibimos el sonido.

Un hallazgo inesperado
Julián Carrillo, originario de San Luis Potosí, descubrió en 1895 que era posible dividir los semitonos en fracciones aún más pequeñas, algo impensable en el sistema musical convencional, que se basa en doce notas por octava. Este hallazgo lo llevó a concebir una teoría propia, que bautizó como “Sonido 13”, nombre simbólico para indicar el primer paso más allá de las doce notas tradicionales. A partir de entonces, Carrillo dedicó décadas a explorar esta nueva dimensión acústica. Dividió la octava en múltiples partes: 16, 32, 64 y hasta 96, lo que implicaba la creación de nuevos intervalos y una notación distinta. Para poder ejecutar estas microtonalidades, diseñó instrumentos únicos: pianos, violines y arpas especialmente modificados.

Una nueva manera de componer y escuchar
El Sonido 13 no solo implicó una ruptura teórica, sino también una transformación del lenguaje musical. Carrillo compuso centenares de obras utilizando su sistema, buscando expandir las posibilidades expresivas del sonido más allá de los límites conocidos. Una de sus composiciones más célebres, Preludio a Colón, fue interpretada en Nueva York en 1924, marcando un hito en la historia de la música experimental. Para Carrillo, el oído humano estaba condicionado por siglos de música construida bajo una lógica de doce sonidos. Su propuesta apuntaba a “liberar el oído” y abrir la percepción a frecuencias nuevas.
Críticas, incomprensión y perseverancia,.

A pesar de su tenacidad, la teoría de Carrillo no fue siempre bien recibida. Muchos la consideraban demasiado compleja o inalcanzable en términos de ejecución. Otros la veían como un experimento sin aplicación real. Sin embargo, su propuesta fue valorada por científicos, ingenieros acústicos y algunos sectores intelectuales, especialmente fuera de México. En su país natal, Carrillo fue una figura respetada pero también incomprendida. Fundó una escuela dedicada a su teoría en San Luis Potosí y dejó una gran cantidad de textos teóricos. Sin embargo, su obra permaneció durante décadas fuera del repertorio habitual de las salas de concierto mexicanas, opacada por el auge de corrientes como el nacionalismo musical.

Relecturas en la actualidad
En los últimos años, la figura de Julián Carrillo ha sido objeto de revaloración por parte de músicos y académicos interesados en las posibilidades del microtonalismo. Su trabajo es considerado hoy como pionero dentro de la música experimental, y las nuevas tecnologías permiten explorar su teoría con mayor precisión. Con la ayuda de software de composición digital y sintetizadores, los microtonos que Carrillo propuso —y que antes resultaban difíciles de interpretar— hoy son accesibles para nuevos compositores y estudiosos de la acústica musical.

Más allá de la teoría
El Sonido 13 sigue siendo una invitación a romper barreras auditivas. No se trata únicamente de una técnica musical, sino de una manera distinta de imaginar el sonido. Carrillo vislumbró un futuro donde la música no estaría limitada por escalas fijas, sino guiada por la sensibilidad del oído y la libertad creativa. En un contexto donde las fronteras artísticas se expanden constantemente, la propuesta del Sonido 13 cobra nueva relevancia. Nos recuerda que siempre es posible escuchar más allá de lo establecido, y que la innovación, aunque incomprendida en su momento, puede abrir caminos insospechados.

El violonchelo: la voz profunda de las cuerdas

Por: Luis Antonio Santillán Varela]

22 de junio del 2025

Pocas cosas conmueven tanto como el sonido del violonchelo. Este instrumento de cuerdas frotadas, conocido por su tono cálido y envolvente, se ha ganado un lugar privilegiado en la historia de la música por su capacidad de transmitir emociones con una intensidad única.

De aspecto elegante y proporciones generosas, el violonchelo se ubica entre el violín y el contrabajo en cuanto a tamaño y registro. Se ejecuta sentado, con el instrumento sostenido entre las piernas, mientras el músico utiliza un arco para hacer vibrar sus cuerdas. Esta técnica permite obtener un sonido que se asemeja notablemente a la voz humana, lo que explica su popularidad entre intérpretes y compositores desde hace siglos.

«El violonchelo tiene una voz que se asemeja al alma humana: puede cantar, llorar, susurrar y gritar», comentó en alguna ocasión el célebre violonchelista Pierre Fournier. «La belleza del chelo está en su capacidad de hablar directamente al corazón, sin necesidad de palabras».

Aunque sus orígenes se remontan al Renacimiento, fue durante el Barroco cuando el violonchelo comenzó a tomar relevancia como solista. Obras como las célebres Suites para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach marcaron un antes y un después, abriendo camino a un repertorio cada vez más sofisticado. En siglos posteriores, autores como Antonín Dvořák, Edward Elgar y Dmitri Shostakóvich enriquecieron su legado con conciertos que desafiaban tanto la técnica como la expresividad de los intérpretes.

Pero el violonchelo no se limita al ámbito clásico. Hoy es habitual encontrarlo en géneros tan diversos como el rock, el pop, el jazz y la música cinematográfica. Desde las versiones enérgicas de Apocalyptica hasta las delicadas melodías en películas como La lista de Schindler, este instrumento ha demostrado su capacidad para adaptarse a distintos estilos sin perder su esencia.

En la actualidad, solistas como Yo-Yo Ma, Sol Gabetta y Sheku Kanneh-Mason han llevado al violonchelo a nuevos públicos, combinando virtuosismo con sensibilidad y acercando su sonido a las nuevas generaciones.

Aprender a tocar el chelo requiere muchos años de dedicación y paciencia. Cada instrumento tiene un carácter propio, y dominarlo implica establecer una conexión casi personal. «Tocar el violonchelo no es solo una cuestión de técnica, sino de sinceridad emocional», afirma Fournier.

En un mundo cada vez más acelerado, el violonchelo nos recuerda el valor de la pausa, de la emoción pura que se expresa sin palabras. Con cada arco que roza sus cuerdas, este noble instrumento nos invita a sumergirnos en un universo sonoro que trasciende culturas, épocas y fronteras.

DON GIOVANNI: LA ÓPERA DE MOZART QUE DESAFÍA EL TIEMPO Y LA MORAL

POR: LUIS ANTONIO SANTILLÁN VARELA
JUNIO 15 DEL 2025
VIENA, SIGLO XVIII. EN UNA ÉPOCA MARCADA POR EL ESPLENDOR DE LAS ARTES Y EL PENSAMIENTO ILUSTRADO, WOLFGANG AMADEUS MOZART SORPRENDIÓ AL MUNDO OPERÍSTICO CON DON GIOVANNI, UNA OBRA QUE COMBINA COMEDIA, DRAMA Y FILOSOFÍA EN UNA SOLA PARTITURA. ESTRENADA EN PRAGA EL 29 DE OCTUBRE DE 1787, ESTA ÓPERA EN DOS ACTOS, CON LIBRETO DEL POETA ITALIANO LORENZO DA PONTE, HA RESISTIDO EL PASO DEL TIEMPO COMO UNO DE LOS GRANDES PILARES DEL REPERTORIO LÍRICO INTERNACIONAL.

INSPIRADA EN LA LEYENDA DE DON JUAN, DON GIOVANNI NARRA LA HISTORIA DE UN NOBLE SEDUCTOR QUE, TRAS UNA VIDA DE ENGAÑOS Y CONQUISTAS AMORALES, FINALMENTE DEBE ENFRENTARSE A LAS CONSECUENCIAS DE SUS ACTOS. PERO ESTA NO ES UNA SIMPLE HISTORIA DE CASTIGO MORAL: ES UNA EXPLORACIÓN PROFUNDA DE LA CONDICIÓN HUMANA, DE LA LIBERTAD, LA CULPA Y EL DESEO.

UNA PARTITURA CARGADA DE TEATRALIDAD
LO QUE HACE ÚNICA A ESTA ÓPERA NO ES SOLO SU ARGUMENTO, SINO EL MODO EN QUE MOZART LE DA VIDA A TRAVÉS DE LA MÚSICA. CADA PERSONAJE TIENE UNA VOZ PROPIA, NO SOLO EN LO LITERAL, SINO EN SU CARACTERIZACIÓN MUSICAL. DESDE EL TONO LIGERO Y MELÓDICO DE LAS ESCENAS AMOROSAS HASTA LA TENSIÓN OSCURA DEL FINAL, DONDE EL PROTAGONISTA ES CONFRONTADO POR UNA FIGURA SOBRENATURAL, LA MÚSICA ACTÚA COMO VEHÍCULO EMOCIONAL Y NARRATIVO.

DON GIOVANNI, CON SU ENERGÍA SEDUCTORA Y ARROGANCIA IMPLACABLE, REPRESENTA LA REBELDÍA CONTRA LAS NORMAS SOCIALES, MIENTRAS QUE SU CRIADO, LEPORELLO, SIRVE COMO CONTRAPUNTO CÓMICO Y, A LA VEZ, COMO CONCIENCIA EXTERNA. LA PARTITURA EQUILIBRA CON MAESTRÍA LO SERIO Y LO FESTIVO, LO HUMANO Y LO FANTÁSTICO.

UNA OBRA QUE NO PIERDE VIGENCIA

MÁS DE DOS SIGLOS DESPUÉS DE SU ESTRENO, DON GIOVANNI CONTINÚA PROVOCANDO DEBATE Y ADMIRACIÓN. LAS PREGUNTAS QUE PLANTEA —SOBRE LA IMPUNIDAD, EL PODER, EL REMORDIMIENTO— SIGUEN SIENDO RELEVANTES EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA. POR ESO, NO SORPRENDE QUE DIRECTORES DE ESCENA ACTUALES LA ADAPTEN A CONTEXTOS MODERNOS, UTILIZANDO LA FIGURA DEL PROTAGONISTA COMO SÍMBOLO DE CONDUCTAS ABUSIVAS O DE SISTEMAS CORRUPTOS.

CRÍTICOS, FILÓSOFOS Y PSICOANALISTAS HAN REFLEXIONADO SOBRE LA COMPLEJIDAD DE ESTA OBRA. ALGUNOS HAN VISTO EN ELLA UNA METÁFORA DE LA LUCHA ENTRE EL DESEO Y LA LEY; OTROS, COMO SØREN KIERKEGAARD, HAN INTERPRETADO A DON GIOVANNI COMO UNA FIGURA DEL HOMBRE ESTÉTICO, ENTREGADO AL PLACER SIN RESPONSABILIDAD.

MOZART, EN SU PLENITUD CREATIVA
COMPUESTA CUANDO MOZART TENÍA APENAS 31 AÑOS, DON GIOVANNI REPRESENTA UNO DE LOS PUNTOS MÁS ALTOS DE SU CARRERA. EN ESTA ÓPERA, EL GENIO AUSTRIACO DEMUESTRA NO SOLO UNA HABILIDAD EXTRAORDINARIA PARA LA MELODÍA Y LA ARMONÍA, SINO TAMBIÉN UNA COMPRENSIÓN PROFUNDA DEL TEATRO Y DEL ALMA HUMANA.

MÁS QUE UNA SIMPLE PIEZA DEL PASADO, DON GIOVANNI SIGUE VIVA EN LOS ESCENARIOS DEL MUNDO, DESAFIANDO A CADA GENERACIÓN DE INTÉRPRETES Y ESPECTADORES A ENFRENTAR EL DILEMA QUE PLANTEA: ¿PUEDE ALGUIEN VIVIR SIN ASUMIR LAS CONSECUENCIAS DE SUS ACTOS?