Durante la entrega de becas en Querétaro, Claudia Sheinbaum puso sobre la
mesa un tema que suele esconderse detrás de discursos optimistas: ¿por qué
tantos jóvenes dejan la escuela? Y aunque el apoyo económico ayuda, la
presidenta fue clara al señalar que el problema tiene raíces más profundas. De
hecho, identificó tres causas principales que empujan a miles de estudiantes a
abandonar las aulas.
La primera es la más conocida, aunque no por ello menos grave: la falta de
recursos económicos. Muchos jóvenes, explicó, se ven obligados a dejar la
escuela para trabajar y apoyar a sus familias. No se trata de desinterés, sino de
supervivencia. En ese contexto, las becas buscan aliviar la presión, pero no
siempre alcanzan para cubrir todas las necesidades del hogar.
La segunda razón apunta directamente al sistema educativo: la distancia y el
acceso a las escuelas. Hay jóvenes que deben recorrer largas horas para llegar
a un plantel o que simplemente no tienen una opción cercana. El desgaste
físico, el costo del transporte y la inseguridad terminan pesando más que la
motivación académica. Porque estudiar no debería ser una travesía diaria.
La tercera causa, quizá la menos visible, es la falta de expectativas. Sheinbaum
señaló que muchos jóvenes no ven una relación clara entre seguir estudiando y
mejorar su futuro. Cuando el mercado laboral no garantiza oportunidades y los
ejemplos cercanos no son alentadores, la escuela pierde sentido. Y sin
propósito, la deserción se vuelve una salida.
Durante el evento, la presidenta destacó que las becas no son un regalo, sino
una herramienta para reducir desigualdades y mantener a los jóvenes dentro del
sistema educativo. Sin embargo, reconoció que el apoyo económico debe ir

acompañado de más escuelas, mejores condiciones y proyectos que conecten
la educación con la vida real.
El mensaje fue directo: no basta con entregar dinero. Hay que entender el
contexto de cada estudiante y atacar los problemas estructurales que los
expulsan del aula. De lo contrario, la deserción seguirá siendo una estadística
repetida.
En Querétaro, entre aplausos y entregas simbólicas, quedó claro que el reto es
grande. Las becas ayudan, sí, pero el verdadero desafío es lograr que los
jóvenes quieran y puedan quedarse en la escuela. Porque cuando se van, el país
pierde más que estudiantes: pierde futuro.

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