Honduras tiene nuevo presidente y, como buen inicio de capítulo político, llegó
lleno de promesas, llamados a la unidad y declaraciones esperanzadoras que
suenan casi como un deseo de Año Nuevo: Nasry “Tito” Asfura asumió la
presidencia ante el Congreso Nacional y prometió no fallarle al pueblo. Nada
más, nada menos.
En su discurso, Asfura agradeció el respaldo en las urnas y aprovechó para
reconocer el trabajo de los consejeros electorales —un gesto cordial poco
común en tiempos donde aceptar resultados parece casi deporte extremo.
Luego lanzó un mensaje que pretendió sonar a ruptura total con el pasado
reciente: dejar atrás la división, el odio y la venganza. Sí, literalmente usó esas
palabras, como si estuviera curando la resaca política del país.
El nuevo mandatario aseguró que gobernará con “urgencia y humildad”, una
combinación interesante que, si se ejecuta, podría mover montañas… o al
menos algunas instituciones. Entre las prioridades que enlistó están mejorar la
economía, atender la crisis de seguridad, fortalecer la educación y rescatar el
sistema de salud. Es decir, el paquete completo de retos históricos que
Honduras arrastra desde hace décadas. Pero Asfura lo dijo con la seguridad de
quien realmente cree que puede evitar que el barco siga hundiéndose.
También hizo un llamado directo a los diputados de todas las fuerzas políticas,
pidiéndoles trabajar en conjunto para aprobar iniciativas clave. En otras
palabras: dejar de pelear… aunque en política siempre es más fácil decirlo que
hacerlo. Pero la intención ahí quedó, envuelta en un discurso que buscó
transmitir ánimo y reconciliación.
Mientras tanto, afuera del Congreso, el ambiente ciudadano oscilaba entre el
escepticismo y la esperanza una mezcla ya tradicional en cada cambio de
gobierno. Porque, aunque Honduras ha escuchado promesas de unidad muchas
veces, la pregunta es siempre la misma: ¿esta vez sí?

El reto de Asfura será convertir su lista de buenas intenciones en resultados
concretos. En un país donde la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades
son heridas abiertas, cualquier mejora hará diferencia. Por ahora, Honduras
estrena presidente y renueva expectativas. Lo que sigue: comprobar si “Tito”
realmente cumplirá su promesa de no fallarle al pueblo.

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