La novela educativa del sexenio suma un nuevo episodio. La Secretaría de
Educación Pública (SEP) comunicó este viernes la destitución de Marx Arriaga
como titular de la Dirección General de Materiales Educativos. Pero el
funcionario respondió casi de inmediato: “Seguiré en la SEP hasta recibir mi
oficio de despido”.
Sí, leyó bien. Lo destituyen… pero él dice que aún no.
Arriaga, uno de los rostros más visibles del rediseño de los libros de texto de la
llamada Nueva Escuela Mexicana, aseguró que dentro de la dependencia
existen presiones para realizar cambios en los contenidos. Según su versión, las
modificaciones responden a intereses que no necesariamente son pedagógicos.
El ahora exfuncionario —al menos en el comunicado oficial— reiteró su llamado
a la “refundación” educativa y defendió el modelo que impulsó. Desde su
perspectiva, el proyecto buscaba romper con inercias del pasado y replantear la
enseñanza desde una visión crítica y social.
La tensión escaló cuando personal de la SEP intentó desalojarlo de su oficina,
de acuerdo con lo que él mismo denunció públicamente. La escena, más
cercana a una serie política que a un trámite administrativo, dejó claro que la
ruptura no fue tersa.
Hasta el momento, la SEP no ha detallado públicamente las razones específicas
de la destitución. El silencio institucional alimenta versiones, especulaciones y
teorías internas.
En medio de la polémica, la discusión de fondo permanece: los libros de texto y
el modelo educativo siguen siendo terreno de disputa ideológica y política. Lo
que comenzó como un rediseño curricular terminó convertido en un campo de
batalla administrativo.
La pregunta ahora es si esta salida marcará un giro en el rumbo de la Nueva
Escuela Mexicana o si simplemente será un cambio de nombres en la puerta de
la oficina.
Porque en educación, como en política, nada es casual… y casi todo tiene
consecuencias.

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