Después de la cancelación que cayó como balde de agua fría (literalmente), la
presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que México buscará recuperar la sede
del Mundial de Clavados que fue cancelado tras episodios de violencia en
Jalisco.
La decisión fue tomada por World Aquatics, organismo rector de los deportes
acuáticos a nivel mundial, que optó por retirar la competencia del calendario

mexicano. Una medida que, más allá del golpe deportivo, tiene implicaciones en
imagen internacional y derrama económica.
Sheinbaum reprochó que “no hubo suficiente comunicación” antes de la
cancelación y dejó claro que el gobierno trabajará para demostrar que existen
condiciones para albergar el evento con seguridad.
El mensaje es político y deportivo al mismo tiempo: México quiere seguir siendo
sede de grandes competencias.
El Mundial de Clavados no es un evento menor. Reúne a los mejores exponentes
del mundo en una disciplina donde el país históricamente ha sido protagonista.
Cancelarlo no solo afecta a organizadores y patrocinadores; también impacta a
atletas que compiten en casa y a una afición acostumbrada a ver podios con
bandera mexicana.
La pregunta inevitable es si la percepción internacional sobre seguridad puede
cambiar en cuestión de meses. Porque en estos casos, no basta con garantizar
protocolos; hay que convencer.
El gobierno federal sostiene que se reforzarán medidas y que se dialogará con
World Aquatics para revertir la decisión. El reto es mayúsculo: recuperar la
confianza.
En un año cargado de eventos deportivos globales, perder una sede no es solo
una agenda vacía, es un mensaje.
Y ahora la tarea es clara: demostrar que el país puede saltar del tropiezo… y
caer de pie.

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