El futbol mexicano vuelve a apostar por una fórmula conocida… y polémica.
Mikel Arriola confirmó que, tras el Mundial 2026, el renovado Estadio Azteca
—rebautizado como Banorte— será casa de tres equipos: Atlante, Cruz Azul y
América.
Sí, tres. En el mismo estadio. Otra vez.
Con una inversión de 300 millones de dólares, el recinto promete modernidad,
funcionalidad y una vida útil de al menos 30 años. Suena bien en el discurso.
Pero en la práctica, revive viejos problemas: calendarios saturados, desgaste
del campo y una convivencia forzada entre aficiones que no siempre comparten
más que el inmueble.
El Coloso de Santa Úrsula, símbolo del futbol mundial, parece destinado a ser
también símbolo de la improvisación estructural del futbol mexicano. Porque
mientras en otros países se apuesta por identidad y estadios propios, aquí se
recicla la fórmula del “todos juntos… a ver qué pasa”.
La gran pregunta no es si funcionará, sino cuánto tardarán en aparecer los
problemas que todos ya anticipan.

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