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REACOMODOS POLÍTICOS ANTICIPAN UNA CONTIENDA DE LEALTADES
FLEXIBLES

OPINIÓN DE: MARIA RESENDIZ

PACHUCA, HGO., 10 DE ABRIL DE 2026
En cada ciclo electoral en México se repite un fenómeno que ya
dejó de sorprender, pero no por ello deja de ser relevante: el constante
“brinco” de un partido a otro por parte de los actores políticos entre
partidos, una práctica que muchos ciudadanos ya identifican como
oportunismo electoral más que como convicción ideológica.
A medida que se acercan las próximas elecciones, comienza a
notarse el movimiento de piezas en el tablero político local y nacional.
Lo que algunos llaman “reacomodos estratégicos”, otros lo describen sin
rodeos como turismo electoral: militantes y figuras públicas que migran
de un partido a otro en busca de mejores posiciones, candidaturas o
condiciones de competitividad.
En ese contexto ha comenzado a circular el caso de Cítlali
Jaramillo, señalada en versiones políticas como posible incorporación a
Morena. Más allá de la confirmación oficial o no del movimiento, el
simple rumor ya alimenta el debate sobre la coherencia política y la
facilidad con la que algunos perfiles transitan entre proyectos
ideológicamente distintos sin mayor explicación pública.

Este tipo de cambios no son nuevos, pero sí cada vez más visibles.
El fenómeno de los “brincolines” políticos que saltan de un partido a otro
suele justificarse bajo argumentos de coincidencia de agendas o
renovación de proyectos. Sin embargo, en el terreno ciudadano, la
percepción es otra: la política como un espacio de conveniencia más
que de convicción.
El problema no es únicamente el cambio de siglas, sino la falta de
rendición de cuentas sobre las razones de esos movimientos. Cuando
una figura pública decide migrar de plataforma, lo mínimo esperado es
una explicación clara a su base política y a la ciudadanía que alguna vez
representó.
En tiempos donde la desconfianza hacia los partidos políticos ya
es alta, este tipo de prácticas no hacen sino profundizar el desencanto.
El electorado observa cómo los mismos actores aparecen en distintas
boletas con distintos colores, pero con trayectorias que rara vez se
someten a una evaluación crítica.
Más allá de nombres propios o rumores en circulación, el
fenómeno refleja una realidad más amplia: la política mexicana sigue
marcada por la movilidad de élites, donde los proyectos personales
suelen pesar más que los proyectos colectivos.
Y así, mientras se acercan las elecciones, el “momento de los
brincolines” parece haber comenzado una vez más.

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