“NADIE SABE QUIÉN DISPARÓ… PERO YA HUNDIERON BARCOS”

Mientras el mundo apenas se estaba acomodando para iniciar la semana,
Estados Unidos decidió subirle dos rayitas (o diez) a la tensión en Medio
Oriente. El ejército estadounidense aseguró que Irán lanzó una ofensiva nada
discreta en el estratégico estrecho de Ormuz, utilizando misiles, drones y
pequeñas embarcaciones para atacar barcos en la zona.
Sí, barcos civiles.
De acuerdo con la versión de Washington, la respuesta no se hizo esperar:
fuerzas estadounidenses habrían hundido seis lanchas iraníes que participaban
en los ataques. Una escena que suena más a videojuego bélico que a
diplomacia internacional, pero que, según el Pentágono, es completamente real.
El detalle incómodo: Irán no ha confirmado absolutamente nada.
Ni ataque, ni participación, ni nada que se le parezca. Silencio total del otro
lado, lo que deja el episodio en ese terreno incómodo donde cada quien cuenta
su versión… y el resto del mundo intenta adivinar quién dice la verdad.
Este nuevo episodio ocurre justo después de que el gobierno de Donald Trump
anunciara que realizaría una “operación” para liberar a buques que permanecen
varados en el Golfo Pérsico. Una declaración que, vista en retrospectiva, suena
menos preventiva y más como antesala de lo que vendría.
El estrecho de Ormuz no es cualquier lugar: por ahí pasa una quinta parte del
petróleo mundial. Traducido al lenguaje cotidiano: cualquier conflicto ahí puede

impactar directamente en precios de gasolina, economía global… y en tu
bolsillo.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con esa mezcla de
preocupación y resignación, porque cuando dos potencias (o aspirantes a serlo)
se lanzan acusaciones militares, el margen de error se vuelve peligrosamente
pequeño.
Y así, entre versiones cruzadas, lanchas hundidas y misiles que “alguien” lanzó,
el mundo suma otro capítulo a la colección de tensiones que nadie pidió… pero
todos terminan pagando.

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