Colaboración Alfredo Ocampo Rabielli
Hace 5 mil millones de años, una pequeña perturbación en un brazo obscuro de la vía láctea desencadenó una serie de sucesos que darían lugar a la formación de una nueva estrella, nuestro “sol”.

Puede afirmarse que el sol constituye, en esencia, el sistema solar. Esta bola ardiente contiene hasta el 98.4% de toda la masa del sistema solar y controla el movimiento del resto de los pequeños fragmentos que conforman los planetas y los diversos satélites.

Nuestra estrella arde con la intensidad que constituye el objeto más resplandeciente de nuestro cielo. Proporciona toda la energía por una zona del espacio de entre 15,000 y 20,000 millones de kilómetros de diámetro.

Sin embargo, esta belleza resplandeciente nació de las profundidades de una oscura nube de polvo.

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