La ex primera dama de México fue vista recientemente viajando en un vuelo comercial junto a su hijo, en asientos de clase turista. La
escena, relatada por la periodista Sabina Berman, ha llamado la atención por lo que representa: la continuidad de un estilo de vida austero y cercano a la ciudadanía. 

De acuerdo con Berman, quien coincidió con ella en el avión, la ex primera dama se mostró sencilla, conversando con su hijo y compartiendo asiento sin ningún tipo de privilegio. “Viajó como cualquier pasajero, con naturalidad y sin trato especial”, comentó la periodista en redes sociales.

El hecho ha sido interpretado como una muestra de congruencia con los principios de la Cuarta Transformación (4T), que desde sus inicios ha promovido un ejercicio de poder sin lujos ni excesos. 

A diferencia de ex primeras damas de administraciones anteriores, acostumbradas a viajar en secciones preferenciales o aeronaves oficiales, ella se mantiene fiel al discurso de sencillez que marcó la administración de su esposo.

Cabe recordar que su cónyuge, además de haber sido presidente de México, es considerado el fundador de la 4T, movimiento político y social encabezado por Andrés Manuel López Obrador que colocó la austeridad como uno de sus pilares.

En redes sociales, la imagen de la ex primera dama en clase turista generó comentarios divididos: para muchos es un ejemplo de coherencia con el proyecto político de la 4T, mientras que otros cuestionaron si un gesto así debe ser noticia.

Lo cierto es que, a varios años del fin de aquel sexenio, la ex primera dama parece mantener la línea de vida sencilla que su esposo promovió, lo que algunos ven como un recordatorio de que los principios de la 4T trascienden el discurso y se reflejan también en los actos cotidianos.

Mientras la ex primera dama de México ha sido reconocida por mantener un estilo de vida austero, congruente con los principios de la
4T), algunas figuras de Morena han sido señaladas por incurrir en gastos que contrastan con el discurso de sencillez y moderación promovido desde los orígenes del movimiento. 

En los últimos meses se han difundido imágenes y reportes que muestran a legisladores, alcaldes y funcionarios morenistas viajando en vuelos en primera clase, hospedándose en hoteles de lujo y utilizando vehículos de alto costo para sus traslados oficiales. Estos episodios han levantado críticas tanto de opositores como de simpatizantes del propio partido.

Uno de los casos más comentados fue el de un diputado local que fue captado llegando a un evento en una camioneta blindada de último modelo, escoltado por personal de seguridad privada. De igual forma, medios locales han documentado reuniones partidistas celebradas en salones exclusivos de hoteles cinco estrellas, a pesar de que la 4T ha insistido en reducir el gasto superfluo.

Para analistas políticos, estas conductas representan una contradicción con la narrativa de austeridad republicana que dio legitimidad al movimiento. “Mientras una parte de Morena insiste en predicar con el ejemplo, otra parece caer en las mismas prácticas de derroche que tanto criticaron en el pasado”, apuntó un académico de la UNAM.

El contraste entre los gestos de sencillez, como los de la ex primera dama viajando en clase turista, y los casos de despilfarro de algunos integrantes de Morena, reflejan las tensiones internas de un partido que enfrenta el reto de mantener credibilidad y demostrar que los principios de la 4T no se diluyen en el ejercicio cotidiano del poder. 

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