La desigualdad en México ha sido históricamente uno de los retos más persistentes del desarrollo nacional. A pesar de los avances recientes en reducción de brechas, los datos oficiales y la percepción ciudadana muestran un panorama complejo y, en ocasiones, contradictorio. 

De acuerdo con los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la desigualdad en México alcanzó su nivel más bajo desde 1984. Según la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) 2024, el coeficiente de Gini indicador que mide la desigualdad del ingreso se situó en 0.391, una baja significativa desde el 0.426 registrado en 2018.

Este descenso no es casual: ha sido impulsado en gran parte por el fortalecimiento de los programas sociales, como las pensiones universales, becas para jóvenes y apoyos al bienestar. De hecho, sin estas transferencias del gobierno, el Gini habría sido de 0.450, según el propio INEGI.

Sin embargo, aún persisten marcadas diferencias: el 10 % más rico de la población tiene un ingreso 14 veces mayor que el del 10 % más
pobre. Esta concentración de riqueza plantea interrogantes sobre la percepción ciudadana de la desigualdad.

Aunque los indicadores muestran una tendencia positiva, la percepción pública parece ir por otro camino. Un estudio de la OCDE reveló que el 72 % de los mexicanos considera que la desigualdad es “muy grande”, cifra menor al promedio de países miembros (80 %).

Más aún, existe una tendencia a subestimar la verdadera magnitud de la desigualdad. En México, muchas personas creen que la distribución del ingreso es más equitativa de lo que realmente es. 

Se estima que el 10 % más rico concentra más del 55 % del ingreso nacional, pero gran parte de la población cree que esa proporción es significativamente menor.

Esto refleja una desconexión entre la realidad objetiva y la percepción subjetiva. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), este fenómeno es común en contextos de alta desigualdad estructural, donde las brechas se han normalizado o invisibilizados.

Un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) en 2023 reveló que los mexicanos aspiran a un país más justo y con menos
desigualdad, pero existen diferencias según el nivel socioeconómico.

Las personas de menores ingresos estarían dispuestas a donar hasta el 15 % de su ingreso para erradicar la pobreza, mientras que los estratos altos apenas el 7.5 %.

Cerrar la brecha entre los indicadores reales y la percepción ciudadana es clave para lograr consensos sociales en torno a la redistribución. La desigualdad no es sólo una cuestión de cifras, sino de cómo se vive y se interpreta cotidianamente. 

La mejora en los indicadores es una señal alentadora. Sin embargo, la desigualdad sigue siendo una realidad profunda, y su transformación requiere no sólo políticas efectivas, sino también una ciudadanía informada, consciente y crítica.

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