*La Jolly Roger del anime One Piece se ve en marchas de África, Asia, Europa y América, donde la generación Z la utiliza para desafiar al poder
Pachuca de Soto, Hidalgo. – En los últimos meses, la bandera pirata de la serie animada One Piece se ha convertido en
uno de los símbolos más visibles en las manifestaciones sociales a nivel mundial, adoptada por miles de jóvenes como
emblema de inconformidad, resistencia y reivindicación de la libertad, explicó Diego Alejandro Mejía Pérez, estudiante
del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).
Este fenómeno llamó su atención y lo llevó a analizar cómo un ícono surgido de la cultura pop puede llegar a articular
demandas sociales complejas. La apropiación de la Jolly Roger demuestra cómo los nuevos movimientos juveniles
recurren a representaciones culturales, no necesariamente políticas, para construir una identidad colectiva en contextos
de protesta.
Su presencia en marchas de Nepal, Japón, Corea del Sur, España, Argentina y México, entre otros países, evidencia un
proceso de resignificación que ha trascendido la ficción para convertirse en expresión política. “La bandera, compuesta
por un cráneo y huesos cruzados, ha pasado de asociarse con la piratería o incluso con el peligro para adquirir un nuevo
sentido relacionado con la oposición a los gobiernos en turno al considerarlos ineficaces”, indicó.
“En el anime, el protagonista es un pirata que surca los mares visitando diferentes islas y derrocando gobiernos
corruptos, por lo que su insignia representa la emancipación de los pueblos antes oprimidos. Esta idea se trasladó a
nuestra realidad, donde la calavera con sombrero de paja ya no representa un peligro, sino esperanza, libertad, justicia y
unión, así como otros valores”, especificó el estudiante de la UAEH.
De manera similar, emblemas antes asociados a movimientos políticos, como la hoz y el martillo de la Unión Soviética,
han cedido espacio a imágenes provenientes de narrativas culturales juveniles que hoy reclaman su lugar como
referentes identitarios en protestas y espacios públicos, ya que las nuevas generaciones recurren a lo que consumen y
reconocen como propio para expresar inconformidad o pertenencia, que se ha facilitado gracias a la globalización.
No obstante, el estudiante Garza advirtió que el uso simbólico puede generar confusiones o riesgos cuando se
desconocen sus antecedentes. Por ello, es fundamental conocer el origen de los elementos para evitar interpretaciones
contraproducentes y comprender si realmente encarna los valores que un colectivo pretende comunicar.
Por otro lado, indicó que es importante reconocer la creciente relevancia del estudio de las imágenes y su capacidad
para adaptarse a los cambios sociales. “Este dinamismo permite que un mismo símbolo se resignifique continuamente
conforme se mueve entre generaciones y contextos”, agregó el especialista.

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