El sector transportista volvió a encender las alarmas. A través de diversos
comunicados y mensajes difundidos en redes sociales, organizaciones de
transporte de carga anunciaron que el próximo 24 de noviembre de 2025
llevarán a cabo un mega bloqueo nacional, una medida que —según aseguran—
no es capricho, sino consecuencia directa de años de inseguridad, extorsiones
y promesas incumplidas.
Los transportistas, que mueven prácticamente todo lo que consumimos, afirman
que la situación ya es insostenible. Narran asaltos cada vez más violentos en
carreteras, cobros de piso disfrazados de “protección”, retenes informales y una
lista de abusos que crece al mismo ritmo que el miedo. “Nos están obligando a
trabajar entre criminales y a costos que ya no dan. Queremos soluciones, no
discursos”, señalaron en uno de los mensajes más compartidos.
El mega bloqueo incluiría tramos clave como la México–Querétaro, la
México–Puebla, la autopista del Sol, la vía a Veracruz y la ruta al norte del país.
Organizaciones empresariales ya prendieron focos rojos: un paro masivo podría
afectar entregas, distribución y cadenas completas de abasto. Exactamente el
tipo de presión que los transportistas buscan para ser escuchados.
La advertencia viene acompañada de un mensaje directo al gobierno federal: “Si
no hay seguridad, no hay carretera”. Piden reforzar vigilancia, frenar las
extorsiones en zonas controladas por grupos criminales, castigar a funcionarios
coludidos y revisar los altos costos operativos que los ponen al borde del
colapso.
En redes sociales, la convocatoria se movió rápido. Algunos usuarios apoyaron
abiertamente la protesta y recordaron que los transportistas llevan años
denunciando lo mismo sin recibir protección real. Otros, en cambio, temen un

caos vial monumental y consideran que las afectaciones a millones de personas
pueden tensar todavía más el panorama nacional.
Aun así, los transportistas insisten: si no detienen la violencia en las carreteras,
será el país entero quien termine detenido. El 24 de noviembre promete
convertirse en una fecha clave, una demostración de fuerza que, de
concretarse, puede sacudir desde el tránsito hasta la política.
El mensaje final que enviaron fue tan contundente como incómodo:
“Nos cansamos de sobrevivir. Ahora queremos vivir.”

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