*La distribución desigual de responsabilidades económicas es una de las fuentes de diferencias más frecuentes
*El experto Garza recomienda que para lograr relaciones funcionales, la pareja reserve al menos un momento en la semana para dialogar
abiertamente
San Agustín Tlaxiaca, Hidalgo. – Ante el incremento de divorcios en México, David Jiménez Rodríguez, profesor
investigador del Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH)
analiza casos de pareja entre 28 y 70 años de edad para comprender cómo la falta de acuerdos se convierte en uno de
los principales detonantes de conflictos, especialmente cuando las metas, roles y necesidades cambian con el tiempo.
El docente Garza explicó que la pareja es el único vínculo familiar que se elige y del que es posible separarse tanto
emocional como legalmente. Señaló que cada relación establece reglas internas propias y que, en este contexto es cada
vez más común que las parejas convivan bajo el mismo techo sin mantener actividades propias de una relación afectiva,
lo que debilita los acuerdos iniciales y aumenta las tensiones.
Jiménez Rodríguez apuntó que entre los problemas derivados de la falta de consensos, la infidelidad aparece con
frecuencia cuando la comunicación se deteriora y las necesidades afectivas dejan de hablarse. Indicó que este acto
ocurre fuera de los límites pactados en la relación y dicho escenario sería distinto si la pareja hubiera conversado
previamente del tema.
Asimismo, subrayó que la distribución desigual de responsabilidades económicas es una de las principales causas de
conflicto. Agregó que, en algunos casos, los hombres pueden sentirse incómodos cuando la mujer percibe un ingreso
mayor, lo que genera tensiones asociadas a expectativas tradicionales sobre quién debe aportar más económicamente
en el hogar.
Otro conflicto recurrente surge cuando los hijos dejan el hogar, etapa conocida como el “nido vacío”, en la que la pareja
debe encontrarse sin el rol parental. Este cambio puede desestabilizar la convivencia, por lo que resulta fundamental
plantear nuevas metas y reconocer que la relación tiene que evolucionar con el paso del tiempo.
Ante estos desafíos, Jiménez Rodríguez concluyó que, para mantener relaciones funcionales, las parejas reserven un
momento en la semana para dialogar abiertamente sobre sus deseos y necesidades. Afirmó que los tratos no siempre
implican un beneficio inmediato para ambas partes, pues a veces uno cede confiando en que después será apoyado, lo
que permite mantener el equilibrio y mejorar como pareja.

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