En una historia digna de pantalla grande —o por lo menos de documental
inspirador— una pareja mexicana formada por Sarah Schleper y su hijo Lasse
Gaxiola podría representar a México en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026.
Sí: madre e hijo, juntos, como coequiperos olímpicos.
Sarah Schleper, esquiadora de talla mundial y exrepresentante de Estados
Unidos, obtuvo la nacionalidad mexicana años atrás y ha competido por México
en diversas competencias internacionales. Ahora, su hijo Lasse sigue sus
pasos, demostrando un talento precoz que llama la atención en el circuito
invernal.
Lo llamativo no es solo el nivel deportivo de ambos, sino la posibilidad histórica:
México nunca ha tenido una dupla familiar compitiendo simultáneamente en
unos Juegos Olímpicos de Invierno. La imagen es poderosa: una madre
experimentada y un hijo joven compartiendo pista, bandera y objetivo.
Si logran clasificarse, no solo romperían estadísticas, sino que pondrían
nuevamente a México en la conversación internacional del deporte invernal, un

terreno donde el país suele aparecer más por curiosidad que por tradición. Pero
esta vez, la historia tiene un toque emocional más profundo: el legado familiar.
Sarah ha hablado en varias ocasiones sobre lo que significa competir por
México: un honor, un reto y una oportunidad para abrir espacios a nuevos
atletas que quieran adentrarse en deportes de nieve. Lasse, por su parte,
representa el futuro: un joven nacido literalmente en las montañas y con la vista
puesta en metas enormes.
México no suele ser potencia invernal, pero historias como esta lo mantienen
presente en eventos globales. Y aunque la historia aún no está escrita, la
posibilidad de ver a madre e hijo en el mismo equipo olímpico ya es, por sí
misma, un motivo de celebración.

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