En un país donde las leyes muchas veces llegan tarde —pero llegan—, Coahuila
marcó un precedente al vincular a proceso a una mujer por violencia vicaria,
convirtiéndose en el primer caso formal del estado bajo esta figura legal que
apenas empieza a abrirse camino en los tribunales mexicanos.
La acusada, cuya identidad se mantiene reservada por razones legales, fue
señalada por utilizar a sus hijos como herramienta de daño contra su expareja.
Es decir: manipulación, control emocional y afectaciones deliberadas al vínculo
parental. La violencia vicaria en su definición más cruda: herir al otro usando lo
que más le importa.
La Fiscalía del Estado presentó pruebas que incluyen testimonios, mensajes y
reportes psicológicos que apuntan a un patrón de conductas destinadas a
impedir el contacto entre el padre y los menores. El juez de control determinó
que había elementos suficientes para iniciar el proceso y estableció medidas
cautelares, entre ellas prohibición de acercamiento y supervisión institucional
en temas relacionados con los hijos.
La resolución generó reacciones inmediatas, tanto de especialistas como de
colectivos. Unos celebran que por fin exista un precedente que consolide la
figura legal; otros advierten del riesgo de que esta herramienta, diseñada para
proteger, se convierta en arma discursiva en casos donde la violencia real sí va
contra las mujeres. Como siempre, México debatiendo en modo “todo o nada”.
Aun así, el caso abre la puerta para discutir un tema que llevaba años flotando
sin aterrizar: el reconocimiento de que, en dinámicas familiares complejas,
cualquier persona —hombre o mujer— puede ejercer violencia emocional
devastadora sobre menores y exparejas. Y que la justicia debe estar lista para
actuar sin sesgos ni excepciones.
El Poder Judicial de Coahuila calificó la resolución como un paso importante
hacia la protección integral de los menores y la identificación de nuevas formas
de violencia. Mientras tanto, la defensa de la acusada afirma que se trata de
una “persecución injusta” y anunció que apelará la vinculación.
Sea cual sea el desenlace, algo quedó claro: la violencia vicaria dejó de ser un
concepto abstracto y entró oficialmente en los tribunales. Y en Coahuila, al
menos por hoy, la justicia decidió ponerse seria.

