La presidenta Claudia Sheinbaum no dejó pasar ni un parpadeo después de que
Donald Trump, fiel a su estilo explosivo, volviera a hablar del “combate a los
cárteles en México” como si el país fuera una especie de tablero donde él
mueve piezas a su antojo. Frente a estas declaraciones, Sheinbaum instruyó a
la Secretaría de Relaciones Exteriores a establecer contacto inmediato con Ken
Salazar y también con Marco Rubio, senador republicano que volvió a montarse
en el discurso de mano dura fronteriza que tanto le gusta a su electorado.
La orden presidencial fue clara: aclarar, pedir explicaciones y marcar límites
diplomáticos ante cualquier insinuación que implique intervención o política
unilateral por parte de Estados Unidos. Porque sí, cada temporada electoral
allá, México termina siendo utilizado como la piñata favorita para ganar puntos
en los mítines.
La Cancillería, por su parte, tomó el recado con la formalidad correspondiente.
Todo indica que se buscará un diálogo directo con Rubio, quien últimamente ha
elevado el tono en temas de seguridad, argumentando supuestos vacíos en el
combate a los cárteles. El gobierno mexicano insiste, con toda la paciencia del
mundo, en que la cooperación bilateral debe basarse en respeto,
corresponsabilidad y cero aventuras militarizadas.

Esta no es la primera vez que Sheinbaum tiene que salir a poner orden
diplomático. Con el arranque del ciclo político estadounidense, las
declaraciones altisonantes se convierten en moneda corriente, y el gobierno
mexicano ya anticipa un año movido. Sin embargo, la presidenta ha dejado claro
que no está dispuesta a permitir que la narrativa electoral del vecino del norte
dictamine la agenda de seguridad de México.
En paralelo, especialistas en relaciones exteriores señalan que este tipo de
tensiones son casi rituales cada cuatro años: Washington amenaza, México
responde, y al final todos regresan a su discurso de cooperación. Pero mientras
llega ese momento, la administración mexicana se mantiene alerta, consciente
de que cada palabra de Trump puede encender titulares, discusiones en redes y
nerviosismo en ambos lados de la frontera.
Por ahora, todo queda en un intercambio diplomático “de rutina”, aunque
cualquier cosa que incluya a Trump rara vez termina siendo rutinaria.

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